Todos los eventos tienen un impacto emocional durante y después del mismo. A este efecto se denomina “reacción de ajuste” y refiere a todos los síntomas iniciales que presenta el paciente y que tienen una duración menor a un mes; sin embargo, cuando el proceso supera este lapso, la persona estaría presentando un estrés pos traumático, explicó María Eugenia Torres Castillo, psiquiatra de adultos, niños y adolescentes.

En entrevista con Poblanerías en línea, y al hablar sobre el impacto emocional en situaciones catastróficas que enfrentan las personas después de eventos como el sismo del pasado 19 de septiembre, dijo que este cuadro se caracteriza también porque estos síntomas son de inicio súbito e intenso.

No obstante, conforme pasan los días van disminuyendo su intensidad, de tal manera que la persona después de 30 días, puede adaptarse a su vida cotidiana.

Reiteró que si estos síntomas se prolongan en tiempo, en intensidad y en frecuencia, se puede hablar de un trastorno que va a repercutir en la vida personal, social y familiar; a eso se le denomina trastorno de estrés postraumático.

La especialista explicó que esta serie de eventos postraumáticos tiene una duración de un mes y la mayoría de las personas pueden superarlo en dicho y retomar su vida cotidiana.

Este tipo de casos se presentan cuando la persona está expuesta a catástrofes, cuando se ve el sufrimiento o muerte.

El simple hecho de ser empático y ver cómo sufren los demás, le está generando un conflicto y puede ocasionarle un trastorno de estrés pos traumático”.

Segregación de adrenalina y noradrenalina

María Eugenia Torres comentó que el ser humano está preparado para huir o defenderse de situaciones de peligro; este comportamiento tiene que ver con la segregación de neurotransmisores como la adrenalina y la noradrenalina que ponen en alerta máxima cuando hay sensación de amenaza.

Cuando se está en situaciones catastróficas, la persona tiene “sentimientos encontrados” y no sabe qué hacer en ese momento.

No saben si llorar, correr, huir, rezar, etcétera, y todo ello hace que la persona presente una confusión y una desorientación a nivel espacial y temporal”.

De esta confusión se derivan algunos recuerdos automatizados del evento, provocando que todo se relacione con el sismo.

Debido a esta producción de adrenalina y noradrenalina, las personas pueden tener fatiga, cansancio e incluso dolores musculares y de cabeza.

Se siente tan fatigado que quisiera dormir pero le cuesta trabajo hacerlo, factor que puede ocasionarle trastornos del sueño, incluso, despertándose en la noche o miedo a quedarse dormido ante la presencia de un temblor y pueda ser víctima del evento”.

También hay sobresaltos y una necesidad de huir y evitar que se vuelva a presentar la misma situación catastrófica; hay temor de salir de casa, falta sentido de pertenencia y presenta problemas de atención y concentración.

Estas consecuencias pueden llevar a las personas a tener llanto fácil, hablar de la situación le genera tanta angustia que prefiere no hacerlo y eso puede repercutir en su salud mental, explicó.

En ese sentido, mencionó que las personas pueden tener dos situaciones a nivel de salud mental.

Lo primero, una reacción de ajuste, lo cual es normal y que la mayoría de las personas lo experimentan y que tiene que ver con el miedo al evento que presenciaron y se caracteriza por una triada, que son pensamientos constantes sobre el sismo.

El otro nivel es que hay una situación de “evitación”, la persona quiere bloquear todo aquello que le recuerde el evento traumático y también se va a encontrar un estado de alerta excesivo, lo que se denomina como “alerta máxima”, donde la persona en este estado, está vigilante; sus sentidos están sensibles y puede percibir todo lo que se encuentra en su entorno y le da una connotación relacionada al sismo.

Cómo manejarlo

En cuanto a cómo debe ser manejado clínicamente este cuadro emocional, Torres Castillo, dijo que si la persona vive en una situación sísmica donde hubo pérdidas de personas o materiales, se recomienda externar sobre lo que vivió, ya sea con un especialista, familia o amigos.

Esto hará que la persona genere empatía, pueda compartir y ver que no es la única que sufrió.

María Eugenia Torres Castillo pone a disposición de los lectores de Poblanerías, asistencia especializada gratuita para todas aquellas personas que estén cursando alguno de los cuadros clínicos antes citados como consecuencia del temblor.

El interesado puede llamar o enviar un WhatsApp al celular 2221 76 31 95.

POB/LFJ