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Cerca de 3,000 documentos relacionados con la muerte del presidente John F. Kennedy y con la posible relación del gobierno de México con la CIA fueron dados a conocer por Donald Trump.

A través de estos documentos, se sabe que los ex presidentes Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría eran identificados por la CIA como parte de una red de espionaje establecida por Estados Unidos en la Ciudad de México.

De haberse sabido antes, existió la posibilidad de que el gobierno mexicano se desplomara y Adolfo López Mateos pudo haber sido destituido como presidente por traición a la patria.

El 27 de noviembre de 1963, cuatro días después del asesinatos de John F. Kennedy, la CIA junto con la dirección federal de seguridad de la Secretaría de Gobernación, mantenía un programa de espionaje telefónico para identificar disidentes, posibles comunistas, diplomáticos de otros países y personas de interés, conocido como LIENVOY.

Tanto Adolfo López Mateos como Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría contaban con nombres clave —LITENSOR, LITEMPO-2 Y LITEMPO-8; respectivamente—, a través de los cuales eran identificados por la CIA.

Otro de los funcionarios involucrados fue Fernando Gutiérrez Barrios, entonces jefe de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) hasta 1970, también fue diputado, gobernador de Veracruz, secretario de Gobernación y senador.

Los documentos recién desclasificados aportan nueva evidencia del trabajo que realizaban altos funcionarios del gobierno mexicano para la CIA, quienes recibían dinero de Winston Scott, como parte de la operación LITEMPO.

Según el diario The New York Times, México fue un socio que cooperó con los Estados Unidos de diversas formas, desde ayudar a interceptar las embajadas soviética y cubana antes del asesinato, hasta intentos exhaustivos de investigar en el país tras el asesinato de Kennedy.

 

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POB/RLV