Luego de la fundación de Puebla, en 1531, se decidió enviar la petición para que la Ciudad fuera un asentamiento oficial y que estuviera reconocida por el gobierno español.

El 20 de marzo de 1532, la Reina Isabel I de Portugal (esposa de Carlos I) firmó la Cédula en la que reconoció a Puebla como ciudad y le dio el título y los derechos de: “Ciudad de los Ángeles”.

Las Cédulas también servían para dotar de honores a las personas y a las Ciudades; Puebla no fue la excepción.

En julio de 1558, la Casa Real española le dio el título de: "Noble y Leal Ciudad"; que, posteriormente, le fue cambiado a: "Muy Noble y Leal Ciudad de Puebla".

Para el año de 1576, la Casa Reinante de los Habsburgo decidió dotar a la Ciudad de Puebla con el título más importante que se podía otorgar en el virreinato, el de: "Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Puebla".

Cédula que dotó de un escudo

Gracias a las gestiones de Gonzalo Díaz de Vargas, alguacil mayor y regidor de la ciudad, el rey Carlos I y su madre, la reina Juana, le otorgaron a la Ciudad de Puebla un Escudo de Armas.

La Cédula fue firmada el 20 de julio de 1538 en Valladolid y el Escudo hace referencia a la leyenda de la fundación de la ciudad; es decir, a que fueron los ángeles quienes trazaron la ciudad y los que subieron las campanas a las torres de la catedral.

De ahí que el nombre original –y el más conocido de la ciudad– sea “Puebla de los Ángeles”.

En el Escudo, se contempla una ciudad con cinco torres de oro, asentadas sobre un campo verde y dos ángeles, –uno a cada lado– vestidos de blanco, realzados de púrpura y oro asidos a la Ciudad.

Encima, a mano derecha, hay una K y a la izquierda una V, que quieren decir “Karolus Quintus”; las dos letras son de oro.

¿Qué es una cédula?

En tiempos coloniales, las leyes que se impartían se daban a conocer por medio de Cédulas y Ordenanzas.

Eran documentos de orden legal; resolvían problemas judiciales, creaban instituciones, nombraban algún cargo real, otorgaban importancia a algún personaje, entre otras funciones.

Se utilizaban en los dominios españoles de ultramar (Filipinas y América) en los que el Consejo de Indias funcionaba como mediador.

Las Cédulas Reales eran expuestas al Rey por el Consejo de Indias y seguían una formula fija: “Yo el Rey, hago saber…”.

 

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POB/LFJ