En Viernes Santo es común ver en Atlixco a hombres caminando descalzos, con la cabeza cubierta, arrastrando cadenas en los pies, cargando más cadenas en el pecho, con una corona de espinas en la cabeza y espinas en piernas y brazos. Se trata de la procesión de los Engrillados, que sale de la parroquia de San Francisco desde hace 110 años.

Los Engrillados de San Francisco son todos hombres, en esta procesión no se permite que las mujeres participen; solo que caminen al lado de sus familiares y de vez en cuando les pasen limones para hidratarse o les digan palabras de aliento.

A unos 15 minutos del centro de Atlixco, en la colonia Altavista, existe otro grupo de Engrillados que tiene menos tiempo –iniciaron en 1986–, pero es más incluyente porque aceptan a mujeres.

El grupo de la iglesia Cristo Rey sigue la misma tradición que en San Francisco: deben llevar el rostro cubierto, ir casi desnudos y descalzos, arrastrar cadenas en los pies y en el pecho, llevar espinas en las cienes, brazos y piernas. Solo que la procesión la encabezan las Engrilladas.

Ivón Vázquez Sarmiento, de 27 años, ha participado en cinco ocasiones. La primera vez lo hizo porque su abuelita estaba muy enferma, entonces le prometió a Dios que si la ayudaba se engrillaría. Después lo hizo porque no podía embarazarse, ahora ya tiene un hijo de tres años.

La joven dice que es una forma de agradecer las bondades que se le han concedido.

De las 36 personas que participaron este año en la procesión de los Engrillados de Altavista –pocas porque en años anteriores no bajan de 50, según la organizadora–, cinco fueron mujeres. Todas ellas cargaron cadenas igual que los hombres, se pusieron espinas, caminaron descalzas aguantando el calor del medio día.

Las Engrilladas, además, cargaron durante la procesión –que terminaría también en el centro de Atlixco– la imagen de la Virgen de los Dolores; los hombres llevaban sus propias cruces o estampas.

Mientras las espinas de los huizaches o espinas de monte le entran en la piel, Ivón opina que es importante que a las mujeres no las hagan a un lado, porque reconoce que muchos párrocos y la misma religión católica a veces las discriminan, no las dejan hacer este tipo de cosas.

“Si los hombres lo pueden hacer, las mujeres también podemos (…) Todos tenemos la oportunidad de experimentar algo nuevo”, dice la joven.

Para la familia de Ivón no es extraño que ella participe cada año, su hermana fue la primera engrillada de Atlixco. Su madre las apoya para que cumplan sus mandas; a Ivón le toma fotos cuando se coloca las cadenas en los pies, la sostiene mientras sube a la iglesia, la guía por las calles de la colonia.

Así es como la tradición de los Engrillados se ha modificado, se ha vuelto incluyente, ha permitido que mujeres también tengan esa experiencia.

 

 


POB/JMVA