Esteban de Antuñano fue un veracruzano que nació en 1792; sin embargo, trabajó en Puebla y fue el precursor de la industria en México por sus fábricas textiles, instaladas a la orilla del Río Atoyac.

Para el historiador Luis Andrés Prado, en su tesis La industria textil en las regiones de Puebla, Tlaxcala, Veracruz y Coahuila 1830-1908:

“Antuñano fue el mecanizador de la industria en México porque tuvo la idea de incorporarse a la industria textil desde 1827; aunque el proyecto lo concibió hasta 1830, sobre todo porque no conocía las especificaciones para instalar una fábrica”. 

Imagen: Wikimedia

Por esa razón, viajó a Francia de 1830 a 1832 para aprender el proceso industrial correcto y hacer negocios con empresarios galos.

Empresarios poblanos y los naufragios

Esteban de Antuñano tuvo 30 socios que colaboraron para comprar las máquinas y la materia prima; sin embargo después de los naufragios, lo abandonaron poco a poco.

En 1835, un barco con aproximadamente 30 telares provenientes de Francia y que pertenecían a la nueva industria de Antuñano, naufragó en el Golfo de México; el segundo naufragio traía más telares y sucedió lo mismo.

El tercer naufragio tenía menos telares. Pese a estas pérdidas económicas, Antuñano encargó más telares, con todo y que ya tenía atraso en pagos; además contrató a 15 ingenieros ingleses para que instalaran los telares.

La Constancia Mexicana

El proyecto industrial de Antuñano vio luz cuando, en 1835, comenzó a funcionar la fábrica “La Constancia Mexicana” (aunque la inauguración presidencial fue en 1837) y “La Economía Mexicana”.

Según el historiador Luis Andrés Prado, las fábricas se instalaron en la antigua hacienda La Constancia “porque en ese sitio, el río Atoyac tiene una fuerte corriente y el cauce muy alto”, es decir, la aptitudes climáticas necesarias para trabajar por medio de la energía hidráulica.

En “La Constancia Mexicana” se produjo hilo y telas de manta, algodón, mezclilla y franela.

En sus inicios, “La Constancia Mexicana” tuvo de 80 a 100 trabajadores; pero los avances de la tecnológica hicieron posible que hubiera mucho más mano de obra ocupada, como lo afirmó Juan Carlos Grosso en su libro Los trabajadores fabriles de la Ciudad de Puebla.

Crisis y competencia

En la ribera del río San Francisco ya existían algunos obrajes, pero estos no se industrializaron hasta después de “La Constancia Mexicana”; ya que su poca producción no pudo, al principio, competir con la mecanización de Antuñano.

La competencia más feroz de Antuñano fue la fábrica textil veracruzana que manejó Lucas Alamán; sin embargo, la industria textil poblana no se industrializó enteramente hasta el porfiriato y el proyecto de Metepec, en el año de 1898.

Esteban de Antuñano estuvo en quiebra desde 1843, debía mucho dinero a los empresarios franceses y vendió sus fábricas para poder pagar las deudas.

Según Luis Andrés Prado, las causas de declararse en quiebra fueron los naufragios y la inestabilidad propia del país en ese tiempo.

Esteban de Antuñano murió el 7 de marzo de 1847. Hugo Leicht indica en su libro “Las Calles de Puebla” que sus restos fueron depositados en la Iglesia del Carmen, en la cripta de la Capilla de la Virgen pero al haber tenido remodelaciones sus restos desaparecieron definitivamente.


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