El Trabajo no Remunerado (TnR) se refiere a todas las actividades de cuidado del hogar y de personas que se realizan a diario sin recibir retribución financiera a cambio.

En países de América Latina y el Caribe, las mujeres destinan a este tipo de trabajo entre el doble y hasta cinco veces más de tiempo que los hombres, lo que limita sus oportunidades educativas y laborales; dejando menos tiempo para el descanso, el ocio o la participación política, señala un análisis sobre TnR de ONU Mujeres.

En diversos países, pero sobre todo en México, persiste una distribución desigual de las tareas domésticas y de cuidado como consecuencia de los arraigados estereotipos de género.

En su informe Trabajo Doméstico y de Cuidado No Remunerado, la ONU indica que en México, en cuanto a las actividades domésticas, las mujeres dedican en promedio 29.8 horas a la semana, frente a las 9.7 horas que dedican los hombres.

La preparación y servicio de alimentos, limpieza del hogar, así como de la ropa y calzado, son tareas que –mayoritariamente– son realizadas por mujeres.

Durante 2013, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el TnR fue equivalente al 20.5% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional.

Fuente: ONU Mujeres

En 2015 alcanzó los 4.4 billones de pesos, lo que representó 24.2% del PIB del país. En 2016, el TnR se estimó en 4.6 billones de pesos. Estas cifras son superiores a lo alcanzado en otras actividades económicas como la industria manufacturera y el comercio que registraron una participación de 18.8%, 17.5%, respectivamente.

En el informe Trabajo No Remunerado en los Hogares, el INEGI destaca que la mayor parte de las labores domésticas y de cuidados fueron realizadas por las mujeres, con el 77.2% del tiempo que los hogares destinaron a estas actividades.

El último dato publicado corresponde a 2016 y en él se explica que el promedio el trabajo de las mujeres tuvo un valor equivalente a 51,962 pesos, mientras que el de los hombres fue de 18,943 pesos durante el mismo año.

Estas cifras reflejan el sueldo neto que podrían percibir los miembros del hogar por realizar una actividad similar en el mercado.

En el caso de los hogares con parejas casadas y con hijos, la cifra se triplica, pues el valor económico del trabajo doméstico y de cuidados de los hombres que están casados o unidos –y que colaboran con labores domésticas y de cuidados– fue de 20,342 pesos mientras que la aportación de las mujeres fue de 66,887 pesos.

Esta tendencia se mantiene en función de la zona donde habitan. En 2016, los resultados mostraron que las mujeres que viven en zonas rurales aportan 56,295 pesos por 16,797 pesos de los hombres.

En cambio, en las zonas urbanas, el valor por el TnR realizado por mujeres es de 50,726 pesos, mientras que de hombres es de 19,576 pesos.

ONU Mujeres indica que el TnR hace que las mujeres no se pueden integrar al mercado laboral al igual que los hombres si cargan con un trabajo adicional no valorado. Además, la carga del trabajo doméstico no remunerado y de cuidados es un factor estructural de la desigualdad de género.

Algunas implicaciones para las mujeres, de acuerdo con ONU Mujeres son:

  • Menor tiempo para el aprendizaje, la especialización, el ocio, la participación social y política, o el cuidado personal.
  • Mayores dificultades para insertarse en un trabajo fuera del hogar.
  • Mayores obstáculos para avanzar en las carreras educativas y laborales.
  • Mayor participación en trabajos de menor valoración y menores ingresos.
  • Mayor participación en el trabajo informal, en el cual las mujeres pueden tener un mayor control sobre su tiempo, aunque este tipo de trabajo no les brinde protección social.

INEGI añade que en México 43% de las mujeres participa en el mercado laboral, en comparación con el 78% de los hombres, siendo de las tasas de participación de mujeres más bajas de América Latina.

En 2016, las mujeres dedicaron 1,025 horas a la semana al mercado laboral; en contraste, los hombres tuvieron 1,882 horas.

En cuanto a las labores domésticas y de cuidado, las mujeres destinaron 2,027 horas por semana; mientras que los hombres solo alcanzaron 607 horas.

 

 

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