Foto: AiSura

La madrugada del sábado 14 de abril, Estados Unidos lanzó un ataque con misiles Tomahawk a objetivos en Siria.

Esta fue la respuesta que tanto había anunciado Donald Trump, presidente de EUA, como una represalia a los supuestos ataques con armas químicas que aseguró fueron perpetrado por el régimen del presidente Bashar Al Assad en contra de la población civil.

En una operación presentada como un “golpe de precisión” contra centros de producción y almacenamiento de armas químicas sirios, que evitó cuidadosamente el riesgo de escalada, se informó que no hubo bajas estadounidenses ni rusas y supuestamente tampoco daños graves a la población civil.

De los más de 100 misiles lanzados por Estados Unidos desde aviones y buques de guerra, al menos 70 fueron interceptados por el sistema de defensa antiaéreo del ejército Sirio. Los blancos fueron, un centro de investigación cerca de Damasco, un almacén y un puesto militar en la ciudad de Homs.

Este ataque sucedió horas antes del inicio de la investigación de un equipo de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) que se realizará en en Duma, para indagar el supuesto ataque de armas químicas. La intervención contó con apoyo de bombarderos B-1. El Reino Unido aportó cuatro Tornado GR4s; Francia, dos fragatas y aviación.

 

 

POB/PSC