Colaboradores:

Fotografía:
Pablo Spencer Castells
Juan Carlos Sánchez Díaz

Texto:
Lizeth Flores Jácome

Puebla de los Ángeles fue fundada el 16 de abril de 1531 y fue la única ciudad de la Nueva España concebida como una “república de agricultores españoles”.

Los primeros asentamientos de españoles se dieron entre la ladera sur de una colina a la que se le llamó Cerro de San Cristóbal (hoy cerros de Loreto y Guadalupe) y la parte oriente del arroyo hoy llamado de San Francisco.

Fueron 33 personajes los que llegaron a la nueva ciudad acompañados de los frailes Toribio de Benavente Motolonía, Jacobo de Testera, Luis de Fuensalida, Alonso Juárez y Diego de la Cruz.

Otra de las razones por las que se fundó Puebla fue porque al repartirse las encomiendas de la Nueva España faltaron solares cercanos a la metrópoli por lo que se pensó crear una nueva ciudad en la que se repartirían nuevos solares y quien aceptara esos lugares estaba exento del pago de las alcabalas (impuesto) durante los primeros 30 años.

También se buscaron tierras libres para establecer la ciudad en un punto que resultara la mitad entre los caminos de la capital de la Nueva España (México) y Veracruz siendo la principal ruta de comercio.

Así, de modesta villa de rudos españoles, pasó en el mismo siglo XVI a una ciudad de privilegios, cuya traza mostraba ya una clara división social, pues mientras los españoles residían en el centro de la ciudad, los indígenas vivían en los barrios y arrabales a los alrededores.

A partir de 1532 se comenzó a otorgar títulos y cédulas a la Angelópolis remarcando su importancia a nivel nacional.

Origen divino

Cuenta la leyenda que la fundación de la Ciudad de Puebla tiene un origen divino; se dice que fueron ángeles quienes tirando unos cordeles, trazaron sus calles en el sitio indicado por Dios.

 

Siendo Obispo de la Ciudad de Tlaxcala, Fray Julián Garcés soñó en varias ocasiones con un bello valle en el que cruzaban tres ríos con árboles y montañas del cual bajaban los ángeles del cielo y tendían sus hilos de oro y plata y trazaban una ciudad.

Al despertar contó su visión del sueño e invitó a sus compañeros, los frailes, a que fueran a localizar tan maravilloso lugar; entonces emprendieron el camino hasta encontrarlo.


POB/JCSD