En el 2006, Andrés Manuel López Obrador fue descrito como “un peligro para México” en una campaña publicitaria que financió el Partido Acción Nacional (PAN).

Los blanquiazules utilizaron uno de los spots para acusar a López Obrador de fomentar la “intolerancia”, vinculando la imagen del tabasqueño a la del expresidente venezolano Hugo Chávez.

Desde entonces, el hoy candidato a la Presidencia por la coalición Juntos Haremos Historia (Morena-PT-PES), es señalado por sus opositores como afín al régimen político de Venezuela.

Tatiana Clouthier, coordinadora de la campaña de López Obrador, descartó cualquier paralelismo entre el proyecto de Morena y el de la llamada revolución bolivariana. En entrevista con Adela Micha el pasado 19 de febrero, Clouthier cuestionó:

“¿Cuál ha sido el presidente de México que se vistió de militar en los últimos años? [Felipe Calderón] ¿Cuál fue el presidente en los últimos años que nacionalizó la industria azucarera? [Vicente Fox] Y no tienes Venezuela aquí”.

Vigilando las proporciones, algunas acciones del gobierno venezolano –con Hugo Chávez y Nicolás Maduro al frente– se parecen a otras que tuvieron lugar en México, o bien, son similares a lo que pregonan los candidatos mexicanos a la Presidencia.

Antes de repasarlas, vale apuntar que Venezuela vive una crisis humanitaria. Políticos contrarios a Maduro han sido encarcelados o están en el exilio, mientras los indicadores económicos se desploman a un ritmo acelerado. Tan solo en los últimos cuatro años, el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita ha caído en un 40%.

Nacionalizaciones

El 31 de julio del 2008, en una conferencia de prensa, el expresidente Chávez anunció la expropiación del Banco de Venezuela, que operaba con capital español como una filial del Grupo Santander.

En ese entonces Chávez declaró:

“Ahora el gobierno quiere comprar el banco, quiere recuperarlo porque es el Banco de Venezuela, así se llama (…) para ponerlo al servicio de Venezuela porque ese banco da mucha ganancia”.

Al año siguiente, el régimen llegó a un acuerdo de compra venta con Grupo Santander por mil 50 millones de dólares (19.2 billones de pesos), 153 millones por debajo de lo que planteaba la entidad financiera.

Así, este episodio tiene resonancia con aquel ocurrido el 1 de septiembre de 1982, cuando el exmandatario mexicano José López Portillo decretó la nacionalización de la banca durante su último informe de gobierno. El priísta lloró ante el Congreso de la Unión y negó que con su discurso buscara “indulgencias históricas”.

Mientras Chávez argumentó que “ese banco [el de Venezuela] da mucha ganancia”, en el México de 1982 se justificó la nacionalización por una serie de factores, incluidos la caída de los precios del petróleo y el endeudamiento público.

Datos del Anuario Estadístico PEMEX 1990 revelan que, entre 1981 y 1982, el precio promedio del barril de crudo pasó de los 33.19 dólares a los 28.69; al tiempo que las exportaciones descendieron en un 36.5%. Es decir, de un año para otro, se vendió menos petróleo a un precio más bajo.

En el tema energético, Hugo Chávez nacionalizó la industria petrolera de Venezuela mediante un decreto firmado el 26 de febrero del 2007. La Faja Petrolífera del Orinoco, la más importante del mundo, estaba dominada por 13 empresas extranjeras como la británica British Petroleum, la noruega Statoil y la estadounidense Exxon Mobil.

Luego, en mayo del 2009, Venezuela tomó el control de 76 compañías proveedoras de la paraestatal Petróleos de Venezuela (PDVSA). Entonces, el gobierno se apropió de buques, lanchas y diques, asumiendo el mando de toda la cadena productiva.

Un paralelo con México es la postura de Andrés Manuel López Obrador respecto a la reforma energética que, desde 2013, permite la inversión privada en el sector de hidrocarburos.

El tabasqueño analizará la posibilidad de dar marcha atrás a la reforma para que el Estado retome en exclusiva la explotación del petróleo. Esto dijo a Milenio el pasado 21 de marzo:

“Vamos a revisar los contratos; los 91 contratos que se han firmado a partir de la Reforma Energética. Vamos a ver en qué términos están los contratos (…). Lo que le convenga a la nación se aprueba; lo que no sea negocio para los mexicanos (…) pues no se puede mantener”.

Contradictoriamente, el 9 de marzo ante los banqueros del país en Acapulco, López Obrador asumió una postura conciliadora:

“No vamos a confiscar bienes, no se van a llevar a cabo expropiaciones, nacionalizaciones, vamos a sacar adelante al país enfrentando al principal problema que es la corrupción”.

Despensas y tiempo en medios

Para hacer frente a la escasez de alimentos, el gobierno de Venezuela reparte bolsas o cajas con productos de la canasta básica. Estas despensas –importadas– se distribuyen por los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) e incluyen harina, aceite, pasta, arroz, leche en polvo y atún.

Foto: Agencia Enfoque

Sin embargo, miembros de la oposición denuncian que el régimen de Maduro solo entrega bolsas CLAP a quienes demuestran ser partidarios del gobierno.

En México, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) que este año postula a José Antonio Meade a la Presidencia, ha sido acusado de utilizar programas sociales con fines políticos.

Así lo documentó la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE), órgano que en marzo del 2017 incautó despensas, colchas y productos de limpieza que guardaba el gobierno de Torreón (priísta, encabezado por el hoy gobernador de Coahuila, Miguel Ángel Riquelme) para su intercambio por votos.

Nicolás Maduro también recibe críticas por aparecer constantemente en la televisión pública venezolana (RCTV). La exposición mediática lo pone en una situación de ventaja frente a sus contrincantes políticos.

La organización Monitoreo Ciudadano apunta que, en 15 meses, Maduro tuvo acceso a 544 horas de transmisión: “El uso de los medios del Estado para propaganda política es un abuso de poder y viola la constitución”, dijo el colectivo.

De vuelta a México, López Obrador y Ricardo Anaya, este último candidato de Por México al Frente (PAN-PRD-MC), fueron señalados por ocupar los spots de sus partidos –antes de las precampañas– para aparecer frente a la cámara y formar una imagen rumbo a los comicios de julio.

 

 


POB/LFJ