La Puebla de los Ángeles contra la Puebla de Zaragoza, así tituló un ensayo Carlos Fuentes el uno de junio de 1961. Así calificó a la tradición histórica, política e ideológica de nuestra Puebla desde su fundación y para referirse al conflicto estudiantil de la Reforma Universitaria y abonar a favor de la lucha estudiantil.

En su título, resumió lo que Puebla ha sido: un espacio de la eterna confrontación entre liberales y conservadores, realistas contra federalistas, masones contra yunques, derecha contra izquierda, atraso contra progreso.

En el caso de la Batalla del 5 de Mayo no podía ser diferente. La victoria del Ejército de Oriente comandado por Ignacio Zaragoza, sobre el Ejército francés, significó un triunfo para la nación mexicana, en plena formación y una derrota para Puebla. Así fue concebida la gesta de 1862 en el momento en que ocurrió.

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Para la historia los documentos en los cuales así lo refieren algunos de los protagonistas del acontecimiento histórico. Ahora, Ignacio Zaragoza es también un héroe de Puebla y ha sido rescatado, con el paso del tiempo, como uno de los personajes que han abonado a la conformación de la poblanidad.

En su momento él, Zaragoza, no lo sintió así. Hay pruebas escritas.

Quemar a Puebla

El 9 de mayo de 1862, a las 11:58 de la mañana el general Ignacio Zaragoza envía un telegrama al ministro de la Guerra:

“El enemigo pernoctó en Amozoc y aún a las siete de la mañana estaba ahí. Nuestra caballería lo hostiliza constantemente. En cuanto al dinero nada se puede hacer aquí porque esta gente es mala en lo general y sobre todo muy indolente y egoísta … (se refiere a los poblanos). Hoy no he podido completar ni para un día de socorro económico que importa $3,700 porque solo tiene la comisaría $3,300. La fuerza está sin socorro desde el día 5 y casi sin rancho”.

Qué bueno sería quemar a Puebla. Está de luto por el acontecimiento del día 5. Esto es triste decirlo, pero es una realidad lamentable…”.

Así refiere en un parte de guerra, vía telégrafo, una de sus conclusiones después de la derrota propinada a “los primeros soldados del mundo” como los mencionó en la arenga inicial al Ejército mexicano:

“Nuestros enemigos son los primeros soldados del mundo; pero vosotros sois los los primeros hijos de México, y os quieren arrebatar vuestra patria. Soldados: leo en vuestra frente la victoria… ¡Viva la Independencia nacional! ¡Viva la patria!”.

La batalla 5 de Mayo

El 5 de mayo, a las 11:45 de la mañana, el Ejército francés inició sus hostilidades sobre el Fuerte de Guadalupe con cinco mil hombres que previamente se habían posicionado entre las haciendas de Amalucan y los Álamos.

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Tiradores y disparos de cañón pretendieron minimizar la fuerza del Ejército mexicano, que estaba, desde temprana hora, colocado con 800 hombres cuidando la plaza central de los fuertes, cubriendo por abajo los dos fuertes de Loreto y Guadalupe con 1,100 soldados y 3,550 dispuestos al combate en campo raso y militar y estratégicamente formados.

La estrategia de los franceses pretendió de inicio evitar el combate cuerpo a cuerpo y comenzó la refriega con cañonazos. Luego acometió hasta tres ocasiones el resguardo mexicano y fueron rechazados. Poco antes de las tres de la tarde, el Ejército francés aceptó la imposibilidad de vencer a los mexicanos y empezó lentamente a despejar los puntos invadidos, incluidos los alrededores de la Garita de Amozoc.

Ante la previsión de no dejar desguarnecido el fuerte de Guadalupe, los mexicanos no persiguieron a los franceses.

Los saldos

Antes de las ocho de la mañana del 6 de mayo, Zaragoza pasó revista en el hospital y el saldo del enfrentamiento fue de 215 heridos, 30 franceses incluidos y 1,200 muertos de ambos Ejércitos.

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A partir del 8 de mayo Francia inicia la retirada, aceptando la derrota y el Ejército de Oriente, al tiempo que disfrutaba la victoria, despojaba de sus medallas a los franceses que lloraban al ser separados de sus blasones, festejaban, padecían la falta de alimentos y sufrían el desprecio del poder de los conservadores poblanos, tristes por la derrota del ejército invasor.

Los antecedentes

El general Juan Prim, al frente de los 6 mil soldados españoles, abandonó la triple alianza a principios de abril y partió rumbo a Europa (la triple alianza estaba compuesta por otros tres mil franceses y 700 marines ingleses, y se había integrado en 1861, con el fin de cobrar 80 millones de pesos de deuda mexicana).

En una carta enviada a don Juan de Salamanca el 6 de abril, previno y escribió:

“… los comisarios franceses se han empeñado en destruir el gobierno de Juárez, constituido de hecho y de derecho, tiene autoridad y fuerza para poner en orden al gobierno reaccionario del general Juan N. Almonte (quien se auto proclamó como jefe supremo de la nación mexicana), que ni tiene fuerza, ni prestigio, ni autoridad, ni representa más que unos centenares o miles de reaccionarios; insignificante número en la escala de uno contra nueve. Almonte pretende proclamar a Maximiliano de Austria como rey de México”.

Imposible, escribía Prim, tres y diez y cien veces, establecer una monarquía en México.

Puebla triste y consternada

El 3 de julio de 1862, después de la derrota del Ejército francés, Napoleón III envía una carta con instrucciones al general Federico Forey, dese Fontainebleau, en la cual escribe, sobre los reportes de Saligny, su enviado y representante en México:

“… Nunca ha pretendido que la población mexicana fuese harto entusiasta y enérgica para salir al encuentro de nuestros soldados y sacudir por si misma al gobierno que la oprime; pero siempre ha sostenido que una vez en el interior del País, hallaríamos poblaciones simpáticas. Ahora, la prueba de que tenía razón es, que tras el descalabro del 5 de Mayo, veo por un informe del cónsul de Prusia en Puebla, dirigido a su gobierno, que aquella ciudad era presa de la consternación el día siguiente de nuestro fracaso; que triste y silenciosa estaba, lejos de tomar parte en la alegría del cuerpo de tropas mexicanas. Sé, por cartas venidas de la misma Puebla, que más de diez personas han sido fusiladas para intimidar a los que como ellas se atreviesen á hacer demostraciones en nuestro favor. Sé, por veinte cartas venidas de México y puestas ante mi vista (entre las cuales se encuentran los informes de los ministros de Prusia y Bélgica), que antes del 5 de Mayo en gobierno había caído en el estupor, y que la población nos aguardaba con impaciencia como libertadores…”

En la Puebla de los Ángeles de 1862, la ciudad y los poblanos, el Ejército de Francia, constituido por “los primeros soldados del mundo”, los más fuertes y poderosos, recibieron un fuerte revés por parte del Ejército de Oriente, comandado por el general Ignacio Zaragoza.

 

 


POB/LFJ