CUENTO: Capítulo III de la Rebelión de los Vagos

Una serie de cuentos literarios escritos desde enero de 2017 a la fecha.

La Barca de los Locos

El mundo le daba igual, hacía tiempo consumía antidepresivos y ansiolíticos para su estado de ánimo irritable. Los días eran lentos, las horas largas, los minutos insignificantes. Así transcurría el tiempo mientras los demás trabajaban para él.

Las drogas lo consumían, su vida se malgastaba, el amor con una mujer sencillamente le era imposible. Pensaba que ellas solo querían su dinero; no a él mismo: –“si fuera como esos miles de vagos que diario compadezco, seguro ninguna me querría”– por eso trataba a los demás como objetos, porque sabía que él era una especie de objeto a utilizar por los demás.

El mundo le daba igual, hacía tiempo consumía antidepresivos y ansiolíticos para su estado de ánimo irritable. Los días eran lentos, las horas largas, los minutos insignificantes. Así transcurría el tiempo mientras los demás trabajaban para él.

Las drogas lo consumían, su vida se malgastaba, el amor con una mujer sencillamente le era imposible. Pensaba que ellas solo querían su dinero; no a él mismo: –“si fuera como esos miles de vagos que diario compadezco, seguro ninguna me querría”– por eso trataba a los demás como objetos, porque sabía que él era una especie de objeto a utilizar por los demás.

Salió de su oficina a dispersar su enajenada mente. Entró a algún bar de la ciudad esperando no ser reconocido, el bar era un lugar para personas de un nivel socio-económico alto. Pasó horas bebiendo y cuando la bebida había hecho su efecto espirituoso en su cuerpo, por fin, pudo recuperar la claridad en sus pensamientos.

– “Estoy aburrido de vivir ¿cómo es posible esto; cómo puede sofocarme esta sensación de vacío; por qué será así? no me falta nada; el mundo me ha dado todo y no tengo nada, todo es una maldita trampa”– gritó en voz alta.

El mesero vino a pedirle un poco de calma, pero a cambio recibió insultos, mientras Marco le aventaba algunos dólares que traía consigo. Entonces salió a la calle a continuar gritando, cuando vio a un vago en la esquina. Los límites de Marco se diluyeron –ya que siempre había tenido poder y dinero– le era muy difícil aceptar que alguien le contradijera.

–Maldito ripioso, ¿quieres que te regale mil pesos?– le grito de una forma desdeñosa al vago.

El vago, era un septuagenario, le temblaban las dos manos, tenía mugre por todo su cuerpo, un hedor a orines insoportable; todo un desecho de la moral y justa sociedad.

–Ven conmigo a la cantina y te regalo el dinero– le dijo de nuevo de un modo imperativo al indigente. Él se levantó y siguió sus pasos.

Entraron al bar elegante de nuevo, inmediatamente el mesero le dijo al vago que no podía entrar en el establecimiento. Marco Aurelio ya estaba bastante ebrio, buscó su billetera y le aventó un billete de 50 dólares al mesero.

–Tú te callas y me dejas beber con quien yo quiero, si quiero mañana compro este lugar y lo convierto en la primer cantina socialista para que los vagos beban gratis–, dijo Marco arrastrando sus palabras. –Señor pero, las políticas del lugar no nos permiten tener personas en estas condiciones al interior del establecimiento–, replicó el mesero.

–Al diablo tú, tus políticas, el mundo entero, siempre con su burguesía, su limpieza, sus políticas, sus códigos, sus modales, su qué dirán, su hipocresía, su vida enajenada al dinero, el ripioso beberá conmigo y le pagaré un salario por eso, déjame en paz o trae al gerente de una vez–.

Los dos estaban bebiendo plácidamente, cuando Marco rompió el silencio y comenzó a lanzar sus preguntas al vago.

–Olvida tu nombre, aquí está tu dinero, ahora dime ¿por qué soportas este trato de la sociedad, por qué no te suicidas?

–Por miedo, solo me dedico a esperar la muerte, de todos modos va a llegar. 

–¿Cómo logras soportar el sufrimiento y la soledad, cómo te dejó de importar la opinión de los demás?

–Simplemente me dedico a esperar la muerte, si no me he suicidado es por cobardía

Entonces regreso el mesero con el gerente del lugar: 

–Señores ustedes disculparan, pero el vagabundo afecta la imagen del establecimiento–

Marco furibundo le gritó: 

–El señor pagará lo que consume como cualquier otra persona, la imagen que quieras conservar, me importa un bledo.

–Disculpen, pero por políticas del establecimiento deben retirarse, como dije anteriormente, nuestra imagen se ve afectada.

–¿Cuánto dinero extra quieres para que nos dejes en paz, ridículo? exclamó Marco, con ironía.

–Ningún dinero señor, este establecimiento tiene políticas y códigos de vestimenta. Dijo el gerente. 

–¿En qué te afecta que esté una hora bebiendo en paz, si ni gente alrededor de la mesa tenemos? Replicó Marco Aurelio.

–Señor, tenemos políticas muy estrictas, este tipo de personas diario quieren bebida o comida, le suplico comprensión. Dijo con pesadez el gerente.

–¿Comprensión? te estoy pagando el doble, porque el vago huele y se ve mal, no hay gente alrededor de nosotros, ¿que no tienes humanidad?

Le dijo Marco Aurelio una vez más levantando el tono de voz y agitando más dólares. 

–Le suplico liquiden su cuenta y salgan del establecimiento señor. Dijo secamente el gerente.

El vago se levantó y salió. Marco era un empresario rimbombante, estaba estupefacto cuando entendió que, la imagen a veces importa más que el dinero.

 

 

 


POB/JCSD/LFJ