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Terminó la temporada de escalada del Everest (finales de marzo a finales de mayo) y con ella descendieron 8,5 toneladas de residuos.

Desde abril, una treintena de personas llevaba limpiando el lado chino de  la montaña de 8.848 metros. De las 8.5 toneladas, 2,3 toneladas fueron excrementos humanos, y una tonelada, equipos de alpinismo.

“La limpieza a 8.000 metros sobre el nivel del mar es casi tan complicado como alcanzar la cima“, ha explicado Ma Liyamu al diario chino Global Times. Este escalador chino subió a la cima con un grupo de escaladores en 2016 y ahora participa en la limpieza de la montaña: “Cuanto más se sube, hay menos basura doméstica y más objetos de equipo de alpinismo como cilindros de oxígeno, tanques de gasolina y tiendas de campaña”.

Del lado nepalí de la montaña, lo que más preocupas son las montañas de basura, pues ya  ha alertado la Asociación de Montañismo de Nepal sobre las grandes cantidades de excrementos humanos que se congelan y no se descomponen sobre las laderas del Everest.

Durante la última temporada de escalada, 202 alpinistas ascendieron por la parte tibetana y otros 446 lo hicieron por la nepalí. Desde 2015, las autoridades de Tíbet reparten a cada escalador dos bolsas de basura con capacidad para ocho kilos. Si no las llenan, tienen que pagar 100 dólares (unos 85 euros) por cada kilogramo de basura de menos.

Ningún escalador ha sido multado este año, ya que, según el Global Times, son conscientes de la importancia de proteger el medio ambiente.

 

POB/JMVA