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La elevada presencia de aflatoxinas ha generado alarmas de seguridad a nivel mundial, pues tienen un alto potencial cancerígeno y se encuentran en casi todos los alimentos como: cereales, frutos secos, especias y leche de vaca. Estas toxinas son producidas por el hongo Aspergillus flavus y Aspergillus parasiticus

La doctora Magda Carvajal Moreno, investigadora del Instituto de Biología (IB) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ha realizado estudios en estas micotoxinas que tienen relación con el cáncer hepático, cervicouterino y el virus del papiloma humano (VPH) 16 y 18 en México.

Son un tipo de toxinas producidas por ciertos tipos de hongos en cultivos agrícolas como el maíz, cacahuates, semilla de algodón y frutos secos de cáscara dura como nueces.

Abundan en zonas de clima cálido y húmedo, ya que este favorece su desarrollo y los hongos que las producen pueden contaminar los cultivos en los campos desde el proceso de cosecha y almacenamiento.

El hongo se propaga por medio del aire, suelo e insectos que lo diseminan y tiene la capacidad de colonizar y contaminar los granos en cualquier tiempo

Tanto trabajadores agrícolas como consumidores finales están expuestos a adquirir las aflatoxinas en el organismo.

Magda Carvajal mencionó que desde el nacimiento, todos los seres vivos tenemos protooncogenes —los cuales pueden producir cáncer— en el ADN que están apagados y a través de un proceso llamado mutación puntual, la aflatoxina activa el protooncogén convirtiéndolo en oncogén, el cual produce un daño en el ADN.

Ante tal mutación se presentan errores en la reparación, replicación o integración de ADN extracelular, y el gen mutado irreversiblemente comienza el proceso de iniciación del cáncer, las células se transforman y se desarrolla el tumor primario.

POB/PSC