CUENTO: Capítulo VII de la Rebelión de los Vagos

Una serie de cuentos literarios escritos desde enero de 2017 a la fecha.

La Barca de los Locos

VII

Amaneció en la bañera con una resaca que lo atormentaba, más que su soledad. Solo había un baño fino y antiguo, decorado al mejor estilo de los tiempos de Porfirio Díaz, botellas de vino, mucho vacío y un departamento antiguo con la mejor arquitectura afrancesada del siglo XX.

Miró por el balcón de la ventana, estaba en un tercer piso y debajo de él, estaba la frenética actividad del centro de la ciudad. Aún semi desnudo, mirando desde las alturas a la gente, observó como un peatón le señalo y le hizo un corte de mangas, fue cuando se dio cuenta que, no estaba vestido y la gente lo veía desde la calle.

Con profunda indiferencia suspiró y regresó a su habitación, se vistió con una pasmosa lentitud y buscó dónde comer algo para su resaca. Había una multitud de gente en el centro de su ciudad, esta circunstancia hizo su tiempo mucho más lento y difuso.

Marco Aurelio nació y creció en un país que, tenía un gobierno de derecha, era el año 2009; irónico, porque en su país existían millones de pobres, una diluida clase media y una cultura al borde del suicidio, pero en el poder estaba un gobierno de derecha.

Dicen que, el mejor producto del capitalismo, es un pobre de derecha. Su país, para él, era el mejor producto del capitalismo. Un país dominado por la televisión y sus medios masivos, no se necesitó más de la fuerza para controlarlo, sino de infundir miedo y odio entre clases y razas. Difundir noticias y mensajes todo el día, señalar a quien se le debe de tener miedo, odio. Con eso bastaba para controlar a sus ciudadanos.

La resaca era insoportable, su frente tenía sudor combinado con miedo, la desolación y el nihilismo que sentía. Lo hacía sentir como si perteneciera al mundo de los muertos, pero aún estuviera vivo, caminaba como un fantasma entre la multitud del centro colonial de su ciudad.

Se sentó en una banca del zócalo de la ciudad, comenzó a observar a cientos de personas con un rostro más descompuesto que el de Marco con resaca. Después de su intento suicida, no podía creer por qué le alegraba estar mejor, que tantas personas con rostros y expresiones más dolientes que los de él.

Sacó su teléfono y comenzó a leer el siguiente poema de Charles Bukowski, uno de sus “poetas malditos” preferidos; había muerto en 1994, el poema se llama sin sueños:

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Las camareras de pelo gris en los cafés por la noche se rindieron, y mientras camino por las veredas de la luz y miro las ventanas de las casas de las enfermeras puedo ver que ya no es con ellas.

Veo gente sentada en los bancos de la plaza y puedo ver por la manera en que se sientan y miran que se acabó.

Veo gente manejando autos y veo por la manera en que manejan sus autos que ni aman ni son amados ni consideran el sexo, está todo olvidado como una vieja película.

Veo gente en las tiendas y supermercados caminando por los pasillos comprando cosas y puedo ver por la manera en que les queda la ropa, y por la manera en que caminan, y por sus caras y sus ojos, que no les importa nada y nada se preocupa por ellos, puedo ver cien personas por día que se rindieron del todo.

Si voy al hipódromo o a algún espectáculo deportivo puedo ver miles que no sienten nada por nada o por nadie y no reciben ningún sentimiento.

Por todas partes veo a aquellos que no mendigan nada sino comida, refugio y ropa, ellos se concentran en eso, sin sueños.

No entiendo por qué esa gente no desaparece, no entiendo por qué esa gente no expira, por qué las nubes no los asesinan, o por qué los perros no los asesinan, o por qué las flores y los niños no los asesinan, no entiendo, supongo que ya están asesinados sin embargo, no puedo acomodarme al hecho de que existan por qué son demasiados.

Cada día, cada noche, hay más de ellos en los subtes, en los edificios, en los parques.

No sienten terror por no amar o por no ser amados.

Tantas, tantas, tantas de mis criaturas compañeras.

Dejó el teléfono y exclamó a si mismo Marco Aurelio: “¿Por qué estoy tan lejos de mis criaturas compañeras que no tienen nada ya que perder?”

 

 


POB/JCSD