“¡Oh, con rayos y centellas, vamos siempre unidos, como abeja y miel”

Es lo que versa la canción de los Tres Caballeros y es que, la tarde del sábado vino acompañada de una fuerte lluvia al inicio del encuentro, pero tanto la Fiel, como la porra de Lobos, no cesaban en cantos; hay que decir que los rojinegros del Atlas, mandaron callar el aullido del lobo en la grada.

En similitud los jugadores de ambas escuadras, en el césped, no daban tregua. Apenas al minuto 2, ambos conjuntos ya habían tenido sus oportunidades manifiestas de gol.

Foto: Juan Manuel Vargas Alvarez

El Zorro contra el Lobo, se estaba convirtiendo en un ida y vuelta; en el área licantropa un viejo y odiado conocido para los de la “Perla de Occidente”, Toño Rodríguez, arquero local y exchiva, había tenido ya por lo menos 3 apariciones importantes al minuto 12.

Ya para el 22’ la cosa cambio, la lluvia y los decibeles en la cancha habían bajado, pero habían dejado rastros de aquello que, durante veinte minutos fue una pelea de perros. Rastros que para un lobo o un zorro serían fáciles de seguir, pero en su astucia el visitante prefirió hacer un juego más frio y calculador, tan frío como las ráfagas de viento que llegaban de occidente.

Foto: Juan Manuel Vargas Alvarez

El frÍo comenzó a helar la grada y centímetros de hacerlo de misma forma con la defensa local, ya que al 40’, los rojinegros tuvieron hasta cuatro oportunidades para hacer el primero; sin embargo el viejo conocido lo volvía evitar. Hablando de viejos conocidos, al 43’, regresaba la lluvia para mantenerse hasta al medio tiempo, igual que el 0-0 y eso que al 46’, Kasim, tuvo un penal que mandaría al igual que el clima, helar los ánimos, ya que lo erró.

Ya para el segundo tiempo, el campo resistía al igual que la afición. De pronto la cancha dejó de dar de que hablar y la porra del Atlas se llevó los reflectores:

“Sé que nunca te he visto campeón, eso no cambia al corazón (…) Ahora, siente los colores como yo, juega con todo el corazón; sal a la cancha y no te olvides de tu gente…”.

Foto: Juan Manuel Vargas Alvarez

Una pasión de los de Jalisco que,  por lo menos si no motiva los del césped, en la grada animaba a los asistentes que, aún se mantenían luego de la lluvia.

Las últimas acciones eran desbordes de ambos equipos, que dejaban un sin sabor y un contraste al empeño de los aficionados. Los minutos finales que podrían desembocar en amargura, hicieron silenciar brevemente a los visitantes y dio paso a que el aullido se volviera a oír.

Foto: Juan Manuel Vargas Alvarez

Un aullido que contagió a los jugadores y al igual que el primer tiempo, en el último suspiro, se quedaron en la línea del gol. El partido dejó un 0-0, pero la afición visitante dejó una moraleja que será difícil de olvidar y se puede resumir en como dice la canción:

“¡Oh con rayos y centellas, vamos siempre unidos como abeja y miel(…)Abriendo el pecho, para echar este grito que lindo es Jalisco”.

 

POB/JCSD