CUENTO: Capítulo X de La rebelión de los vagos

Una serie de cuentos literarios escritos desde enero de 2017 a la fecha.

La Barca de los Locos

Al siguiente día, Antígona y Soledad prepararon el desayuno. Lapis, el Chivo y Marco Aurelio salieron a patrullar la ciudad.

Llegaron a un semáforo y encontraron a un par de jóvenes ripiosos limpiando parabrisas de automóviles. Lapis se acercó a ellos y exclamó:

–”¿Para que trabajan haciendo esto?”

Uno de los jóvenes le respondió inmediatamente:

–”Para sobrevivir, no tenemos otra opción; hacer esto o robar, así es nuestro mundo desde que nacimos”.

Lapis volvió a preguntar sin demora:

–”¿Cómo se llaman? ¿Viven dignamente con lo que ganan?
–”Me llamo Sócrates”, dijo el de menor estatura.
–”Yo me llamo Macario”, dijo el otro. “Vivimos en el parque del centro, no nos alcanza para pagar un techo”.

Lapis, levantando los brazos en pleno camellón, les dijo:

–”Estamos conformando una nueva comunidad de desposeídos desde hace tiempo. No cobramos alquiler, pues estamos construyendo nuestro campamento provisional en las afueras de la ciudad, ¿quieren venir?”, preguntó mirándolos fijamente.
–”Que oferta tan generosa, respondió el andrajoso Sócrates. Pero: ¿de qué nos serviría estar en las afueras de la ciudad?, nosotros queremos ser como cualquier joven de nuestro tiempo”.

Marco Aurelio, al escuchar la respuesta de Sócrates, le preguntó inquisitivamente:

–”¿Cómo son los jóvenes en tu tiempo? ¿Qué es lo que ellos tienen que tu no?”
–”Dinero, movimiento, fiestas, autos, diversión, mujeres, drogas. Todas las mujeres hermosas siempre van rodeadas de tipos así; inclusive, aunque sean horribles los sujetos del dinero, si tienen dinero, esa es carta suficiente para garantizar unos cuantos placeres”.
–Lo que quieres, entonces, es ser un simple consumista más: ¿No sabes nada sobre el deseo y sus destinos?”, preguntó Marco furibundo.
–”¿Qué deberíamos saber?”, exclamó Macario un poco agitado.
–”¿Crees que si, por azar impredecible, la vida te concediera lo que supuestamente deseas?, serías feliz: ¿no desearías algo más?, ¿más mujeres, más fiestas, más autos?, en serio de verdad, os pregunto a ambos, ¿por qué suponen que la vida solo es eso?”

Permanecieron en silencio hasta que Macario respondió:

–”Nosotros solo hemos podido hablar con mujeres que lucen como nosotros, en el momento de intentar hablarle a cualquier mujer inmediatamente gritan o llaman a la policía”.
–”Pero ni siquiera los ricos tienen mujeres y fiestas todo el tiempo, muchos de ellos se la viven en líos de soledad”, dijo Marco.
–”Eso que maldita sea, nosotros somos apestados por la sociedad, somos unos delincuentes cada que hacemos cualquier expresión. Al menos, con besar a alguna de esas lindas me conformaría en la vida”, dijo Macario suspirando.
–”Ahora es cuando te creo, toda esta historia sufriente, tu vida alejada de la sexualidad y su abismo Marco, su infinito dolor sin sentido: ¿nunca has besado ni abrazado a alguna mujer Macario?”, preguntó Lapis.
–”No, les provocamos un rotundo asco”, exclamaron al unísono los dos.
–”Bueno, únanse a nosotros, quizás encuentren alguna mujer rota por la vida como ustedes, quizás encuentren algún tipo distinto y más trascendente de amor, que el simple delirio por las faldas y la estética”, dijo Marco exaltado. “Estamos demasiado aburridos y hartos de solo trabajar, mendigar, espantar; ser considerados despojos deseantes de la sociedad, no tenemos nada que perder, ¿por qué no?”.

Parecía que los dos tenían el mismo cerebro y respondían lo mismo. Seguían impresionados por estos vagos que de la nada estaban re inventando los valores y costumbres sociales.

Lapis y el Chivo,al escuchar esta respuesta, se alegraron y abrazaron a los dos nuevos miembros. Mientras, Marco volvió a dirigirse a ellos.

–”Debemos dejar de pretender, debemos dejar de buscar de la forma que buscamos. Solo nos regula la búsqueda de placer, solo caemos en la trampa del sexo una y otra vez hasta que la muerte termina el ciclo. La vejez nos arranca a todos esta estúpida frivolidad. Yo tengo unos cuantos años, ya le doy asco a cualquier mujer joven, la mayoría de las mujeres de mi edad están demasiado ocupadas en su profesión, en sus hijos, en su pareja, en su soledad; no solo ustedes padecen esta absurda epidemia de soledad combinada con falta de placer”.

Lapis, el Chivo, Sócrates y Macario, aplaudieron al escuchar la perorata animosa de Marco Aurelio, este prosiguió:

–”Si solo buscamos placer, nos encontraremos con el vacío del mismo. Un vacío similar al de consumir cualquier droga y necesitar más; no sirve de nada aferrarse a nuestros impulsos animales. Nuestra sociedad solo permite comportarse como animal a la gente adinerada y con estética. Ellos pueden hacer una orgía y grabarla, ellos pueden tener mil parejas e intercambiarlas todas porque no les satisface ninguna, siempre y cuando algunos o algunas sean partícipes de sus delirios vulgares. Pregunten a cualquiera que tenga todo lo que buscan: si sus autos, si sus mujeres, si sus fiestas les causa dejar de sentir la desesperación de su envejecimiento y su propia muerte”.

Marco Aurelio De La Fuente siguió su discurso mientras todo el grupo caminaba hacía el campamento de desposeídos. Durante el trayecto, según recuerda este narrador que cuenta esta historia que proviene de una imaginación extraña; esta historia que se propagó escuchando a algún vago tiempo después de que sucedió, esta historia inventada como cualquier historia; desde este remoto e imaginario tiempo en que se escribió este relato; Marco continuaba hablando al grupo.


POB/LFJ