CUENTO: Capítulo XII de La rebelión de los vagos

Una serie de cuentos literarios escritos desde enero de 2017 a la fecha.

La Barca de los Locos

Marco Aurelio De La Fuente se levantó a media cena mientras los demás continuaban comiendo exclamó:

–»Los cínicos tenían una filosofía digna de recuerdo. En la antigua y clásica Grecia existió la escuela cínica: ellos entendían que la vida, las formas como la sociedad de su tiempo se organizaba, estaba mal en sí. Fundamentaban la mordaz crítica del mundo en la ausencia de virtudes que encontraban en los seres humanos de su tiempo. Imaginen cómo está extraviado el concepto de pureza y valor  en nuestros días, la virtud se ausentó con la masividad de la especie, se multiplicó la ausencia de virtudes».
–»Los cínicos detestaban a quienes desatendían sus propios pensamientos; detestarían nuestras sociedades post modernas, vomitarían a toda esa gente que tiene una distancia enorme, entre su discurso y sus actos».
–»Diógenes de Sinope fue el principal exponente de esta escuela de pensamiento. Vivía rodeado de una jauría de perros, como nosotros, que ya contamos con 50 perros callejeros en nuestra nueva ciudad de los bosques. Diógenes amaba los perros, compartía la comida con ellos».
–»El cinismo en la actualidad. Como casi todas las palabras, se entiende de un modo muy distinto al por qué se originó el significado de esta palabra. Diógenes tenía un maestro que se dice era discípulo del mismo Sócrates, Antístenes. Para llamarse cínico a si mismo, enseñaba que el humano debía desprenderse de la superficialidad, por esto, los ricos eran esclavos de las apariencias y los bienes materiales».

Rechazaban la esclavitud, la desigualdad social, la fama; brindaban una enseñanza austera y ascética. La vida de los ricos de sus antiguos días les resultaba apegada a bienes banales, fatua, basada en naderías, imaginen qué pensarían de nuestro tiempo, de nuestros días estos antiguos maestros.

–»Hoy en día –inclusive– consideran una enfermedad vivir como vivía Diógenes. Hicieron un síndrome con su nombre los polizontes de la salud mental. Por supuesto, este síndrome, fue inventado por personas que asumen que vivir apegado al dinero, es la única posibilidad de vivir y el único sentido».
–»‘Halago a los que me dan, ladro a los que no me dan y muerdo a quienes me desagradan’, decía Diógenes, mientras caminaba con sus perros por las antiguas ciudades. Desde hace milenios se daba cuenta de la superficialidad que después condenaría al orbe».

Marco caminaba en círculos mientras contaba estas historias, acariciaba a los perros que se habían integrado al grupo, ya eran demasiados perros callejeros los que reclutaron. Mientras les acariciaba, continuó su discurso.

–»Le dieron tantos años limosna porque, como decía Diógenes: “Todos piensan que pueden llegar a ser pobres, pero nunca a ser filósofos”. Si cada uno de ustedes hubiera sido filósofo en ese tiempo, hubieran rechazado las monedas ofrecidas, puesto que en nuestra hambre mandamos nosotros».
–»Existen dos formas de morir para nosotros. La primera sería como estábamos destinados a hacerlo, desolados, sin amor, con temor, sintiendo el más cruel de los terrores, exclamando: “toda esta vida fue para nada”, “significó nada”, con frío, sin caricias, sin nadie que nos entierre, sin nadie que piense en nosotros después de muertos, sin nadie que recuerde nuestro nombre, nuestra triste figura, somos los numerosos nadies, nosotros los desposeídos fallecemos y somos como el polvo de algún furibundo viento. La muerte no existe para los que nadie recuerda, ya estábamos muertos en vida».
–»La segunda forma de morir para nosotros, sería cuando de algún modo a alguien le duele tu muerte. Cuando la tristeza, en realidad, es largarse de esta vida, cuando la muerte no es un consuelo por que termina alguna agonía física o fisiológica, cuando se siente miedo por morirse en vez de ganas, cuando de algún modo te quieres quedar, cuando podías dialogar sinceramente con algunas personas, cuando le enseñaste un  tanto a otras algo de tu experiencia; la otra forma sería ser recordado por que nuestra vida trascendió de algún modo en los demás. El paraíso y el infierno es aquí, el nihilismo también, el verdadero misterio es: ¿por qué existe algo en vez de nada?»
–»Aristóteles siempre tiene una respuesta: “conquistemos nuestros miedos y podremos comenzar a vivir”, no lleguemos muertos a la muerte mis desposeídos; demos pelea en transformar los valores, no necesitamos nada material para la felicidad, necesitamos tratar de ser como el pueblo Griego, como los antiguos».

Los desposeídos que escuchaban atentamente, estaban encendidos de una ardiente caridad hacia su prójimo. Habían llegado al fondo de su propia miseria, de sus apariencias, de su inmenso nihilismo y apatía; y, volviendo sus ojos entre ellos, contemplaron con compasión a sus semejantes, tomaron conciencia de su inmenso sufrimiento; se vieron entre ellos como hermanos, aparenciales, ahondables, se compadecieron unos a otros e iniciaron una nueva familia cuya bondad emanaba de su misma comunidad. Por primera vez, sabían que le importaban a otro ser humano, por primera vez eran comunidad.


POB/LFJ