CUENTO: Capítulo XIII de La rebelión de los vagos

Una serie de cuentos literarios escritos desde enero de 2017 a la fecha.

La Barca de los Locos

Todos fueron a sus hamacas y habitaciones hechas de madera y materiales de desperdicio después de cenar. Al siguiente día mientras iban caminó a la ciudad; Sócrates y Macario, los desposeídos más jóvenes, iniciaron una discusión sobre las personas poderosas en el mundo.

Todas sus respuestas concluyeron en que algunas personas tenían toda la riqueza acumulada en sus cuentas bancarias, mientras la inmensa mayoría padecía hambre y miseria. “¿Es un crimen o una virtud ser millonario?”, esa era una de sus tantas preguntas.

Todo mundo alababa a esos poderosos opulentos que vivían cómodamente en sus mansiones, ¿por qué no querer ser como ellos?, ¿por qué era mejor su vida apartada en los bosques, rodeada de silencio y naturaleza?, sin electricidad ni inventos del siglo XXI. Cuando Marco y Lapis escucharon esto, estaban por entrar a la ciudad en busca de más desposeídos, Marco Aurelio les interrumpió y les espetó:

–Toda trascendencia en estos días, está envuelta en la noción de inmanencia. La única excepción serían los genios excepcionales de las ciencias o el arte; aun así, la sociedad que nos rodea, es cada vez más masiva, menos pensante, más gregaria, rodeada del consumo, las sociedades solo les pueden ofrecer a sus individuos: la oferta y la demanda. Con la fachada de la “motivación”, del hacer un sinónimo del éxito el dinero, con ese materialismo bajo; se alienaron todos esos insensibles que los miraron años y los consideraron vagos: desechos, algo inservible, un estorbo al mundo del trabajo y la producción, alguien no digno de ser deseado, alguien sucio y execrable, alguien improductivo y peligroso.
–Los dueños de su tiempo son ustedes; pero las sociedades solo aceptan a quien entrega su tiempo para obtener dinero, para poder consumir o sobrevivir como ellos les dicen que es digno, dentro de este torbellino de consumo impuesto, lo auténtico es casi imposible. Toda actividad humana debe ser consagrada al consumo; ergo, todos los deseos son absurdamente materialistas ¿Qué carajo entienden las masas y qué significa para las sociedades actuales el verbo trascender?
–Ascender de clase social significa trascender actualmente; en su versión más profunda: “el reconocimiento de los demás” ¿Cuándo trasciende para la visión de un “consumista alienado” un vago? esas personas que van ostentando sus objetos, difícilmente conocen y cuentan la historia del vagabundo Van Gogh, o del apostador Dostoievski, esos dos trascendieron mucho más que todos los millonarios de su tiempo. Díganme de memoria: ¿cuál era la lista de los 50 hombres más ricos del siglo XIX?
–Díganme el nombre y las obras, de todos los miembros de la familia dueña de los pozos petroleros del siglo XX, difícilmente están en la memoria colectiva de la gente. Salvo alguna que otra limosna; trataron a la sociedad de su tiempo, como a ustedes los trataban los trabajadores de estos días, esos millonarios solo tienen como virtud, su dinero. Dostoievski es y será un novelista que mucha gente recordará, les aseguro mucho más que a los miembros de esta familia ultra millonaria.
–Díganme, además de la familia Medici, vinculada totalmente al arte, ¿quiénes eran las personas más acaudaladas en el renacimiento?, ¿creen que es más trascendente acumular lingotes de oro que componer una sinfonía como Mozart?, no todos los humanos pueden trascender en el arte, pero el mundo sería millones de veces mejor, si esa fuera la intención de la masa acéfala de hombres.
–El dinero, la fama y el poder son las tres aspiraciones más vulgares del ser humano. Son fines masivos, compartidos, son en parte el combustible invisible de este mundo injusto y contaminado, de este mundo desigual y hambriento; son la ruin forma en como el ser humano se hace a sí mismo un objeto.

Ellos conversaban con vehemencia mientras el grupo restante permanecía en la ciudad de los desposeídos. Esa ciudad en el bosque que crecía en personas e instalaciones día con día; esa ciudad donde no existía moneda y el trabajo de cada quien era utilizado para ir construyendo cabañas, sembrar árboles, instalar recolectores de lluvia, instalar drenajes, acueductos, inclusive los desposeídos tenían a su disposición herramientas que consiguieron en la ciudad.


POB/LFJ