CUENTO: Capítulo XIV de La rebelión de los vagos

Una serie de cuentos literarios escritos desde enero de 2017 a la fecha.

El resto del grupo  entraba  a la ciudad, encontraron a un vago hablando solo delante de la iglesia. Sollozaba y apestaba de una forma terrible, fue cuando Lapis le llamó.

-Eh señor, venimos a darle una buena nueva. El vago con una mirada inyectada y pérdida les contestó:

-¿Que quieren? joder.
– Únase, tenemos toda una comunidad de gente como nosotros, gente que le importa escucharse y procurarse la una a la otra, un lugar donde no será ignorado y tratado como alguien subnormal.

El desposeído empezó a reír y después exclamó:

-Eso es imposible, yo no era una mala persona y terminé aquí, terminé aquí por resistirme a trabajar en las porquerías que me encomendaban trabajar, por eso perdí a mi familia, mi casa, mis comodidades.

Marco Aurelio se colocó junto a Lapis y preguntó: – ¿En que trabajaba usted?

-En el gobierno asqueroso de este país; me hacían favorecer las finanzas gubernamentales a costa de atormentar a otros seres humanos, quitarles sus derechos laborales y además pretender que uno se sienta un buen hombre trabajador por hacer eso, en mi mundo ya no existía la consciencia, solo el miedo a ser despedido; así, toda la gente que me rodeaba, perdía el alma participando en acciones cada vez más inmorales y corruptas, los trabajadores éramos vistos como animales depredadores, y de cierta forma lo éramos, el sistema nos enseñó a competir y despedazarnos como algo normal y cotidiano, uno debe ser un desalmado respecto a la forma en como obtiene dinero.
-Un día renuncié y perdí mi fuente principal de ingreso, tenía 45 años, posteriormente mi esposa me abandonó y mis hijos me consideraron un viejo haragán y parasitario, no podía ya integrarme de nuevo a un mundo cuyo único fin es obtener dinero a costa de lo que sea; y como  estar sin trabajo es el peor de los pecados en mis días, les deje la casa, y me puse a vagar por estas calles como un alma en pena.

Marco lo observaba con una mirada inquisitiva y respondió con voz grave.

-Desde tiempos inmemoriales existe una maldición sobre la ley, en cada momento de la historia de occidente, de donde proceden nuestras creencias y valores:
-Para los antiguos griegos, el sacrificio del alma y la vida misma, era necesario por la libertad y por la civilización. Para los judeo- cristianos, que colonizaron el espíritu de occidente después, el sacrificio o “maldición sobre la ley”, era esta especie de deuda perpetua, establecida por el Dios que pagó voluntariamente por nuestros pecados; la ley: era esa maldición y esa muerte que estaba “destinada a suceder”, la crucifixión que el mismo Cristo, hijo de Dios soportaba, ponía en una especie de deuda impagable a la humanidad; luego los mortales vulgares, estarían en perpetua deuda con el Dios que mataron por sus pecados, soportarán censurar sus placeres y sus actos, para salvarse de morir y de la nada, para evitar pensar que su cuerpo se pudrirá, los gusanos transformarán la materia propia en algo desconocido. La vida y las recompensas serán eternas, siempre y cuando vivas tu vida como la institución o el sacerdote/pastor en turno lo aconseje, pero nadie contaba con Giordano Bruno y con que la tierra, no era el centro del universo.
-El humano, que vive en un universo eterno e indescifrable para él, desde su causalidad hasta su finalidad, comenzó a sentirse parte del mismo y no el centro de él. Comenzó esta duda sobre la eternidad, una especie de proceso donde las personas en el orbe, cada vez creían menos en el mundo inmortal y se preocupaban más por sus ambiciones mortales. Fue entonces cuando el capitalismo terrible inició; a diferencia del anterior Dios, este no exigía que fueras los domingos a adorarlo, este nuevo dios, exige que le entregues tu vida entera, la mayor cantidad del tiempo posible, eso sí, importa un bledo que creas o no en él, este dios ni si quiera estaba tildado de pagano, muchos creían que te daba lo que te merecías por tus esfuerzos, lo creían el dios más justo de toda la existencia de la especie. Muchos otros olvidaron que Jesús el hijo del Dios que les daría eternidad, les había advertido que: era más fácil hacer pasar a un camello por el ojo de una aguja, que admitir a algún opulento en el reino de la eternidad,  que admitirlo en el reino del goce eterno.
-El capitalismo tenía también sus deudas impagables, pero en esta vida. El banco mundial, la organización mundial del comercio, la reserva federal, las bolsas de valores, todas unas nuevas instituciones que son las reguladoras del bienestar del mundo, y al menos, en esta mortal vida,  de un modo u otro, se estará en deuda con estas instituciones.
-La nueva maldición de la ley en nuestros días es trabajar, dar la mayor parte de nuestra vida para que el dinero de alguien más crezca, es inmoral quien no lo haga. El capital cuesta y cuesta vida, el capital es libre, no tiene fronteras ni muros; el humano sí, el hombre es su esclavo,  los trabajos que más se buscan desde luego, son los que tengan que ver con mandar a los demás y obtener la mayor remuneración o recompensa posible por tu tiempo de vida, en virtud de una supuesta: “élite del consumo y conocimiento. Pero en esto es donde radica el desastre del mundo y sus supuestos valores con residuos de Cristianismo, una de sus tantas fatales contradicciones; dominados por los valores del capital contradicen todo el tiempo los valores Cristianos: “Para mandar a los demás, uno debería saber mandarse a sí mismo primero”, eso decía el poderoso Nietzsche, todos esos trajeados universitarios que pelean desesperadamente por mandar a los demás, están preparados para servir y ser depredadores, no para mandar. Difícilmente las universidades de estos días te enseñan algo sobre el sacrificio, la religión, la filosofía, los valores, la trascendencia. Te enseñan a serle útil al dinero de alguien, para eso estudia la inmensa mayoría de la humanidad, no estudian para mandar, estudian para producir.

Posteriormente en nombre de esos saberes, de esos títulos otorgados por esas instituciones del supuesto conocimiento, van por la vida peleando quien sabe más y es más apto para manejar el dinero propio, o el de alguien más en la mayoría de los casos. Los avances tecnológicos y científicos, no son producto de los masivos consumidores aunque colectivamente se crea así, no es una generación la que descubre la teoría de la relatividad; es un individuo, los descubrimientos de las épocas son producto de algunos individuos. La masa vulgar de gente, no es artista ni científica, no se la pasa leyendo e investigando sobre la ciencia o el sentido de la vida, o como hacer inmortal lo mortal, como en el caso de los artistas.

-La masiva mayoría, es gente que vive un triste ciclo dominado por el nuevo dios dinero, solo busca consumir y producir; le dicen artistas a actores de televisión, quieren tener todos los productos nuevos que les oferten, quieren tener mejor posición y más comodidades que los demás, quieren viajar, quieren ser admirados, quieren hacer el mínimo esfuerzo y sobre todo: quieren mandarle a los demás, aunque no sepan ni para qué, quieren ser amos, aunque siempre sean esclavos del dinero.
-Así que mejor dejen de poner su infelicidad al servicio del capital, estoy un poco cansado de explicarles cuan reducida es su visión de un mundo feliz. El hombre que se lamentaba al inicio del discurso de Marco respondió:
-Mi nombre es Prometeo, déjenme ir con ustedes y seguir dialogando. Todos los desposeídos siguieron su camino ahora de regreso, fuera de la ciudad.

 

POB/JMVA