Al rojo vivo, a ras del césped, un diablo escarlata contra un lobo que buscó extender su racha.

Entre los protagonistas locales, el goleador Leo Ramos; en el inicio del encuentro, apartado de sus compañeros, cual Llanero Solitario.

Los minutos pasaban para el 29, veía como Mauro por izquierda y Sierra por derecha, llevaban los carriles, buscando servirle el balón; sin embrago, nada. Leo volteaba y solo esperaba.

Foto: Juan Manuel Vargas Alvarez.

No todo era soledad para el argentino, una sombra con el dorsal tres, no le perdía la vista: que si Ramos iba a derecha, espejeó de Santiago García para localizarlo, el baile entre la pareja se mantenía en los primeros minutos.

Dicen que para danzar, es importante siempre estar con tú pareja; cosa que García pareció olvidar. En primera instancia, Ramos al 13’ se despega pero termina en solo un susto, sin embargo la regla y el “Lobo” Argentino no perdonaron una segunda.

Ramos retrocede ligeramente su posición de nueve, para encontrar el esférico, no hay contención y el “3” rojo, trata de alcanzarlo, dejando un pasillo para Chirinos, quién una vez recibido el balón de Leo, encuentra el primer gol de lobos al minuto 20.

Foto: Juan Manuel Vargas Alvarez.

La pareja siguió danzando, el ritmo subía de tono, ya no solo era mirada y localización, primero picardía de Ramos con empujoncillos buscando desubicar al central visitante, el defensa lo recibió con poco humor, siguiente disputa del balón, contacto entre los dos al grado que el arbitro marcó falta.

El feudo entre jugadores encontró un momento de paz después de pasar la marca del 33’, fuera por estrategia técnica o nuevamente un des marque de Ramos para buscar el balón.

Llegó un periodo de poca búsqueda para el delantero, la desatención se manifestó como un mal que al 41’ le pesó, balón que quedaba para generar una ocasión, pero el 29 no pudo explotar y quedó en nada, sin embargo, como en la ocasión del gol, una segunda oportunidad sí hizo congelar a los diablos, que en emergencia tuvo que intervenir su portero.

Para el segundo tiempo, el área técnica local, mandó a Leo Ramos más como un imán de marca que como un rematador, un papel que hacia desparecer al argentino, llegó a tal punto el papel secundario del goleador que hasta su pareja de baile del primer tiempo pareció olvidar su presencia.

El estado del 29 era inmutable, incluso en el minuto 61, cuando su arquero, Toño Rodríguez quedaba tendido. Ramos solo llegó a mostrar un movimiento con el brazo como si el sintiera el dolor de su compañero.

Los dolores ajenos en la cara de Ramos no pararon ahí, al 68’ veía como uno de sus principales socios se iba expulsado.

El cansancio comenzó a manifestarse de poco en poco Ramos, entre pasito y troté el 29 trató de buscar nuevamente protagonismo.

El desgaste físico, el cronometro y las acciones ríspidas continuaron, otra tarjeta roja pero esta vez para Toluca, esto dejaba al estadio impresionado. Ramos pasó a ir con el ritmo defensivo del juego, un mero expectante en primera fila, una fila privilegiada en la que estuvo para el segundo gol que decantó un 2-0 definitivo.

 

 


POB/LFJ