OPINIÓN: El manejo de una crisis

Dar conferencias de prensa todos los días no es ni sinónimo de informar ni mucho menos de transparencia.

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A estas alturas hacer un recuento de los hechos en Tlahuelilpan, Hidalgo sobra, pero más allá de los hechos, lo que hemos visto en las horas posteriores pone en la agenda justo la manera en como un gobierno debe tener estrategias de contención de una crisis mediática, social, económica y política.

Los hechos como el incendio en una toma clandestina son fortuitos, no están en la agenda, aunque en este caso era de esperarse que tarde o temprano sucediese algo en torno a la ordeña. El hecho fue mucho peor de lo que pudiésemos haber esperado, especialmente para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Hasta ahora hemos visto una reacción del Estado, una reacción sin orden ni estrategia para informar con claridad sobre lo sucedido.

El presidente hizo lo que cualquier presidente haría: ir al lugar de los hechos para atender en primera persona, independientemente de delegar responsabilidades específicas.

El presidente cambió sus actividades, suspendió su gira de fin de semana y hasta dio tres conferencias de prensa, una el sábado y dos el domingo, la conferencia vespertina del domingo fue hasta ese momento la más larga de lo que va de sus conferencias mañaneras; duró 1:47 minutos.

En un ejercicio de transparencia que mostró la ineficiencia del gobierno federal, el secretario de Seguridad Alfonso Durazo Montaño reconoció que tardaron casi cuatro horas en cerrar un ducto de gasolina… ¡cuatro horas!

Incluso el funcionario reconoció que si bien elementos del ejército llegaron en poco tiempo para tratar de disuadir a las personas a que no se robaran la gasolina, lo que hicieron no sirvió de nada.

El gobierno intentó dar información, pero no la dio del todo, porque todo ese despliegue de fin de semana no sirvió de mucho, y el lunes el presidente se volvió a enfrascar en el mismo tema por más de hora y media con los mismos periodistas que lo han acompañado.

Hoy, miércoles, cinco días después, seguimos teniendo la misma información sobre lo sucedido y nada sobre las investigaciones o el reparto de responsabilidades; cinco días después el gobierno federal sigue manejando la misma información, aunque trata de distraer la atención con la presentación de otros temas, como que ya contrataron choferes para las pipas que repartirán gasolina o que va a empezar el reparto de casi cuatro mil millones de pesos en programas sociales en los 91 municipios de nueve entidades por donde cruzan los principales ductos que son atacados por los que se roban la gasolina.

El mismo día del incidente en Tlahuelilpan, Andrés Manuel López Obrador había tenido un acto en Zacatecas y al día siguiente, el sábado, estaría en la ciudad de León, en Guanajuato, y por eso pernoctaría en esa ciudad.

Pero lo que pocos saben es que las y los periodistas que cubren a Andrés Manuel sí estaban en León, pero el presidente no, él estaba en Aguascalientes.

Cuando López Obrador se fue de Aguascalientes a Hidalgo, su vocero, Jesús Ramírez no lo acompañó, ni siquiera sabía de los hechos y fueron los periodistas quienes lo despertaron y le dijeron lo que había pasado.

Pareciera poca cosa, pero si no hay comunicación clara entre una persona y su equipo de prensa, las cosas difícilmente funcionan y aunque quizá no sea cierto, lo que aparenta es que este gobierno tiene un problema de comunicación.

Ya lo dijo apenas hace unos días el periodista Daniel Moreno Chávez cuando escribió al respecto y le dijo al presidente que dar conferencias de prensa todos los días no es ni sinónimo de informar ni mucho menos de transparencia.

A esto hay que agregarle que si el presidente no habla ante la prensa… nadie de su gabinete lo hace.

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Andrés Solís A. es periodista, autor del “Manual de Autoprotección para Periodistas” y de la “Guía de Buenas Prácticas para la Cobertura Informativa sobre Violencia”.


POB/AAG