OPINIÓN: Realidades de Morena y PAN, tras accidente aéreo de Puebla

Con la muerte del matrimonio Moreno Valle-Alonso, hay una fractura en el poder político tan profunda que alcanza esferas multipartidistas, empresariales, y profesionales.

AAG-PUEBLA-PUBLICA

Han transcurrido 14 días del fatídico accidente aéreo en el que murió la pareja Moreno Valle–Alonso, junto a tres personas más. La fractura en el poder político es tan profunda que alcanza esferas multipartidistas, empresariales, y profesionales. El asunto nuevamente coloca a Puebla en la mira nacional.

En esta debacle política, las investigaciones –en las que colaboran instancias locales y federales– avanzan a marchas forzadas y con resultados a cuentagotas. En tanto, los análisis sobre el futuro de la entidad comienzan con el jaloneo.

Morena es, probablemente, uno de los partidos más afectados por la muerte de Martha Erika Alonso Hidalgo, gobernadora de Puebla. Sus líderes y representantes populares, que no se han distinguido por su brillantez y astucia política, mantienen una férrea disputa al interior de su propia casa. Empecinados en tomar el control, por las buenas o por las malas, han tomado decisiones que comenzarán a pesar en el próximo proceso electoral. Y lo saben.

Entre los deslices y yerros cometidos, principalmente por los legisladores de la coalición Juntos Haremos Historia, considero que hay dos factores que deberán tomar en consideración, si desean legitimar su ascenso al Poder Ejecutivo de Puebla:

1. En la elección extraordinaria al gobierno de Puebla estará ausente el fenómeno de Andrés Manuel López Obrador, quien estará impedido a realizar campaña política en favor de su partido; y al contrario, debe mantener limpia la investidura presidencial.

Por ello, es necesario repensar la idoneidad de los aspirantes y de los relevos, pues el reacomodo podría impactar en los tres niveles de gobierno, incluido el Congreso local, la Cámara de Diputados, Senadores y algunos Ayuntamientos.

2. El segundo gran ausente en los comicios por venir es: Rafael Moreno Valle Rosas, por obvias razones.

No obstante, esta situación deja a Morena con la artillería mojada y sin disparar en contra de su principal adversario político. Solo un milagro podría reactivar la pólvora y volver a encender la mecha de enojo y rechazo a los proyectos morenovallistas.

Ya lo hicieron una vez, el año pasado, y no dudarán en hacerlo de nuevo.

Del otro lado de la trinchera, el ahora acéfalo Partido Acción Nacional perdió a sus dos amos de un solo pincelazo. Y ante ello, se encumbran las siguientes situaciones:

1. La lucha de grupos morenovallistas para perpetuar y continuar con el legado que dejaron Martha Erika y Rafael. Las disputas también incluyen a aquellos personajes que, sin haber soltado una lágrima, buscan el poder a toda costa, para asegurar el salario y los beneficios de la clase gobernante.

2. El resurgimiento de la corriente dura del PAN para retomar el control arrebatado hace 8 años, a fin de garantizar “unidad” por encima de los intereses de los mismos de siempre y que pone a disposición, de las cúpulas nacionales, uno de los bastiones panistas más importantes del país.

Como sea, desde hace 14 días ha existido un poco de madurez política y diálogo en el Congreso local. Esperamos que continúe de la misma forma –sin que eso signifique sumisiones– para la elección del gobernador interno y con ello, prácticamente el banderazo de salida para los aspirantes a culminar el periodo vacante en el gobierno del estado.

Tómelo o déjelo, ¿a usted qué le parece?

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POB/LFJ