En méxico, el sobrepeso y la obesidad afectan a tres de cada 10 niños, según datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) 2016.

Hace alrededor de una década, el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) creó una línea de investigación sobre obesidad infantil para generar evidencia científica que ayude a la creación de políticas públicas.

Ana Burguete García, doctora en epidemiología e investigadora del INSP encabeza una investigación en la que se identificó que, en la dieta de los niños y adolescentes mexicanos predominan los alimentos altos en azúcar y grasa, pero además el entorno familiar juega un papel fundamental en la composición de los hábitos alimenticios.

En la dieta alta en grasa, lo más frecuente fue la comida denominada “chatarra”, incluso por encima de la comida mexicana. Para la dieta alta en azúcares, predominaron las bebidas industrializadas: jugos de caja, refrescos, por ejemplo.

Como parte de la investigación, también tomaron medidas antropométricas a los participantes, quienes en su mayoría –más de 60 por ciento– tenían sobrepeso y obesidad.

Una de las conclusiones de los investigadores es que, el entorno familiar juega un papel importante en el desarrollo del sobrepeso y la obesidad; los niños con padres o abuelos que tienen estas dos condiciones tienen dos veces más posibilidades de consumo de una dieta alta en azúcares o grasas, en comparación con niños con familiares no obesos.

De acuerdo con Ana Burguete García, la obesidad es un tema prioritario para México, pero en el ámbito infantil es una emergencia que atender porque está condicionando el desarrollo de enfermedades crónicas en edades cada vez más tempranas, incluso durante la adolescencia.

“Es de prioridad inminente realizar campañas de intervención nutricional en escuelas y en el entorno familiar, para mejorar la cultura nutricional de nuestra población. De manera tajante podemos decir que nuestra población infantil no goza de salud adecuada, porque casi la mitad de esta tiene sobrepeso y obesidad”.

POB/PSC