Encarnación del sol, de valentía y fiereza para los mexicas, el águila real tenía un valor tal, que requería una atención especial antes, durante y después de servir en la parafernalia ritual, su importancia explica, en parte, su devenir como símbolo patrio, ave tan importante para los mexicanos que el 13 de febrero ha sido instaurado como Día Nacional del Águila Real.

En el marco de los esfuerzos por recuperar la Aquila chrysaetos canadensis en México (el año 2018 se tuvo registro de 142 parejas reproductivas), el arqueólogo Israel Elizalde Mendez refiere que hace más de 500 años, la presencia de la especie en el centro y norte del país, permitía su captura por personas especializadas que ascendían hasta la cúspide de los árboles en busca de los nidos, apropiándose de las crías.

Foto: INAH

Junto con su colega, la maestra Ximena Chávez Balderas, Israel Elizalde ha llevado a cabo el análisis de los esqueletos de águila real completos e incompletos, registrados en ofrendas del Templo Mayor y algunas edificaciones aledañas. Después de 40 años de investigaciones por parte del Proyecto Templo Mayor, uno de los más destacados del INAH, se han recuperado 45 individuos de esta especie.

Indican que, si bien esta ave aparece en ofrendas de la etapa constructiva asociada al gobierno del tlatoani Axayácatl, entre 1469 y 1481, fue poco antes de la llegada de los españoles, entre los mandatos de Ahuízotl y Moctezuma Xocoyotzin, de 1486 a 1520, cuando se utilizó un mayor número de ejemplares, «traídos tanto de tierras lejanas como criados en cautiverio, revelando la intensificación de su uso durante el periodo expansionista».

Foto: INAH

Ambos arqueólogos resaltan que muchos de los ejemplares incompletos son producto de una manufactura local de pieles, que se pudo haber nutrido de animales que habitaban en el vivario de Tenochtitlán, conocido popularmente como el «Zoológico de Moctezuma».

Concluyen que el análisis de los restos de águilas reales descubiertos en contexto arqueológico, ha resultado una oportunidad única para develar incógnitas relativas a la economía, la religión y las interacciones entre la fauna y los humanos en la antigua Tenochtitlán.

Foto: INAH

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