OPINIÓN: La descomposición venezolana

Lo que le acaba de suceder a Jorge Ramos es el ejemplo más claro de una crisis de derechos humanos y de atentados en contra de la libertad de expresión que se vive en Venezuela.

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Lo que le acaba de suceder al colega Jorge Ramos es tan solo el ejemplo más claro de una crisis que viene de hace muchos años y no es solo la crisis política que vive Venezuela, es la crisis de derechos humanos y de atentados en contra de la libertad de expresión que se vive en aquel país desde hace décadas.

A principios de este año periodistas de origen chileno y español ya habían sido retenidos contra su voluntad y agredidos física y verbalmente por fuerzas del Estado.

Falso es pensar que las agresiones y violencia contra medios y periodistas en Venezuela haya nacido con el régimen de Hugo Chávez Frías, pues en los tiempos de Carlos Andrés Pérez como presidente, era notorio ver cómo se descalificaba a quienes en su momento eran críticos.

Sin embargo, a la llegada del comandante Chávez al poder en febrero de 1999, el clima de disgusto hacia la prensa crítica fue en aumento.

Cierto es que en algunos casos la prensa venezolana criticaba con poco sustento informativo al presidente Chávez, pero eso no era motivo para que comenzaran las descalificaciones públicas, la persecución fiscal, las requisas y el retiro de concesiones a emisoras de radio y de televisión o la cancelación de convenios publicitarios con medios impresos.

Desde 2003 he conocido casos de colegas profesionales, de amplio reconocimiento entre sectores de la sociedad venezolana que han sufrido los embates desde el oficialismo chavista y posteriormente con su mejor heredero, Nicolás Maduro Moros.

Periodistas que trabajan en medios propios o en grandes cadenas extranjeras, pero que viven fuera de Venezuela desde los primeros años del gobierno chavista y que han sido vilipendiados un día sí y otro también.

Colegas que valientemente han permanecido en su país, pero que han sido despedidos o despedidas de sus medios por presiones del gobierno bolivariano; que les han cerrado sus publicaciones, revistas o sitios web que con esfuerzos logran crear para ser contrapeso a los medios “aplaudidores” del régimen.

Tengo amigos y amigas que han optado por el auto exilio ante la persecución y el hostigamiento por ser periodistas críticos al sistema de gobierno que ha controlado los destinos de Venezuela a lo largo de dos décadas que justamente se cumplieron este mes de febrero.

En Venezuela la libertad de expresión está amenazada y las organizaciones internacionales que defienden este derecho humano han hecho poco para poner en la agenda pública esta situación.

Las amenazas a la libertad de expresión impactan de manera preocupante en la forma en como se puede ejercer el periodismo libre en Venezuela y aunque hay también un sector de la prensa con simpatías hacia el gobierno de Maduro, esta misma prensa a veces es la que vocifera en contra de la oposición y se pierde en descalificaciones o el exceso de calificativos por encima de los datos y los hechos que sirven para mostrar la realidad periodística.

Lo sucedido a Jorge Ramos y a colegas de otros medios internacionales no debe quedar en la anécdota, es un atentado al periodismo que debemos señalar o de lo contrario amenaza el cierre de las fronteras de la República Bolivariana de Venezuela al escrutinio de la prensa internacional so pena de ser encarcelado.

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PD. Felicidades a mis colegas de Poblanerías, por su décimo tercer aniversario; un medio que nació con una visión joven del periodismo y con la capacidad de reinventarse todo el tiempo sin perder un milímetro de calidad y profesionalismo. Es un placer ser un poco cómplice de sus aventuras.

Pueden contactarme en Twitter, a través de:

Andrés Solís A. es periodista, autor del “Manual de Autoprotección para Periodistas” y de la “Guía de Buenas Prácticas para la Cobertura Informativa sobre Violencia”.


POB/LFJ