CUENTO: Capítulo IV de La noche de los tiempos

El muro que me parecía tan largo, como la antigua muralla China, pero mucho más vulgar; en este lapso de la historia, nadie robaba la mítica ruta de la seda.

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IV

Suelo pegar mi cráneo al concreto frío del muro, llevo un mes al sur de la frontera. Viajé dos años, viví en el camino, dormía en cualquier piso, ahora no tenía más fuerza y esto estaba lleno de militares.

Era Diciembre de 2023, si mi lánguida memoria no falla; era un día 24, celebraríamos el nacimiento de Cristo, viendo morir a compañeros intentando cruzar el muro.

Quería tener las fuerzas para que colectivamente pidiéramos posada, mientras disparaban, esa sería una protesta ideal, sólo que no podía moverme por la deshidratación.

El muro que me parecía tan largo, como la antigua muralla China, pero mucho más vulgar; en este lapso de la historia, nadie robaba la mítica ruta de la seda, sencillamente la explotación laboral llegó a tal grado que, las ganancias recibidas por un empleo, alcanzaban apenas para comer.

La ambición descompuso a las personas de tal modo, que podías ver palacios rodeados de chozas, como en el medioevo; las máquinas sustituyeron lo que los humanos podían hacer y eran más baratas para  mantener, preferibles antes que pagarle a sujetos revoltosos y malagradecidos, rezaba el credo capitalista.

Finalmente, un terrible día. Nuestro orden inmutable se diluyó, la gente emigró suponiendo un mundo mejor; y la que se quedó en sus países, día a día, se moría en hospitales dignos de tiempos de guerra, o formaba parte del comercio ambulante, que cada día era más numeroso.

La miseria era más generalizada para la sociedad, se diluyeron las clases sociales, sin que muchos pudieran hacer algo al respecto, las clases sociales se diluyeron en la precariedad. La era del precariato había iniciado en el mundo, y muy pocos ganaban más de dos dólares diarios.

El orificio en el muro, que me permitía observar del otro lado, era una especie de círculo de poco diámetro que, se formó durante su construcción. Parecía que habían enviado en esta ocasión a más de medio ejército, no dejaba de observar con asombro el movimiento del otro lado. El muro se fue construyendo por partes, en los cruces más asequibles por donde la naturaleza no nos impedía cruzar, tenía el doble o el triple de su altura regular. 

El problema para el norte seguía siendo la frontera sur de México, prefería el país «primer-mundista», culpar de barbarie a todo el mundo, antes que rescatar a alguien.

México padeció 500 años de colonialismo Español, su sociedad estaba profundamente dividida en sus clases sociales, su sociedad era profundamente capitalista, desigual, cruel, con todas las herencias del colonialismo antes mencionado. Europeos, criollos, mestizos, indios, habíamos cambiado muy poco desde el Virreinato. 

No solía ser un país con gente hostil a los extranjeros, hasta que, iniciaron los Éxodos del capitalismo, Oleadas de pobres, numerosos nadies, niños caminando por días, mujeres muriendo de sed, hombres muriendo de hambre.

Y yo llevaba extraviado tantos años, como nunca tuve dinero nunca tuve dignidad. Nunca supe llegar fin de mes, comía mal. Tenía trabajos de lo que fuera, mal pagados, nunca pude ahorrar ni un peso, mi organismo se fue deteriorando, las enfermedades me fueron desgastando.

¿Cómo había terminado aquí apoyando mi cabeza contra un muro inmenso, observando militares exterminar al que intente cruzarlo? ¿Por qué mi Dios no atendía ya a los ruegos de ninguno de nosotros? ¿Nos habrá castigado, como dicen las escrituras, fustigó a su pueblo elegido? ¿Por qué Dios tenía un pueblo elegido siempre en cualquier religión? ¿Por qué un Dios, supuestamente amoros abandonó a su hijo y de paso a sus demás hijos que somos nosotros los débiles, los derrotados?

No tenía respuesta a nada, sólo el calor infernal sobre mi rostro. Bien nos había advertido el filósofo llamado T. Adorno lo  que había concluido  sobre Dios. Después de los campos de exterminio, del Gulag, de la bomba atómica, es imposible creer en su bondad.

Dios murió en Auswitz junto a un pobre judío. No hay pueblo elegido ¿dónde está su bondad? Mientras farfullaba estos delirios me moría de sed. El agua potable cada día me resultaba más cara e inaccesible,  supongo es el precio de ser un precario haragán que no funcionó en el sistema, sentía que debía morirme para no estorbar.

Por otro lado Giovanni Pappini dijo en su libroEl Diablo que en este mundo sólo puede gobernar el diablo, la maldad, un ser terriblemente perverso. Pappini  era el hombre más inteligente que había leído. 

Pero ni Adorno ni Pappini habían sido testigos de Sarajevo y sus francotiradores desalmados. Ni de la caída de las torres gemelas, ni de los coches bomba, ni de drones asesinos que aniquilan desde la altura y la distancia, ni de los terroristas del Bataclán, ni de la destrucción de Siria.

La humanidad siguió siendo una especie terrible y ruin, no sé de dónde sacaron qué es lo más semejante a Dios. Un Dios antropomorfo después  del juicio de la humanidad y sus actos, sería una monstruosidad grotesca, un Dios sin estética. Sería más congruente que Dios, como decía Spinoza, fuera naturaleza indiferente, una simple y llana imagen del cosmos.

En resumen, nada que se parezca al ser humano y sus deseos insondables y obscuros.

El calor era tanto que, perdí el conocimiento antes de encontrar agua o alguna mano compasiva, que me ofreciera un poco de ella. Estaba muriendo después de caminar por casi dos años.


POB/JCSD