CUENTO: Capítulo V de La noche de los tiempos

La silueta femenina comenzó a reírse de mi de una forma demencial, sus risas no se detenían.

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V

¿Estaba soñando? Tenía una sensación interior de desprendimiento, como si el sujeto del lenguaje, el alma que llevo dentro de mi cuerpo, se desprendiera a otra dimensión, como si viajará a un mundo en el cual las palabras son irrelevantes y las imágenes indescriptibles. Parecía por un instante, que en efecto, mi cuerpo era distinto a mi pensamiento. ¿Estaba muriendo?

Dicen que la mejor metáfora de la vida es que es un sueño, dicen que esto que le decimos realidad puede ser una pesadilla de una mente gigante que sueña.

¡Nuestra consciencia es tan raquítica, tan ilusoria; sí, digo nuestra, la de cualquier ser humano incluyendo los genios! Parecía había regresado al 2013, lo sabía por el contenido que recuerdo  de mi desvanecimiento que duró horas.

Estaba en el sillón de mi antigua casa donde solía acariciar a mi perro labrador, fumando un cigarrillo, bebiendo un vaso de buen wiski cuando una  figura de obscuridad entera, con forma humanoide bajo de las escaleras, se sentó en el sillón y comenzó a hablar conmigo:

  • El pasado es una ilusión-, dijo.
  • ¿Quién eres tú? Respondí.
  • Soy un recuerdo, soy lo que no puedes olvidar cuando dejas de ver a alguien que amaste-, la silueta femenina, el funesto espectro cambiaba de rostro, tenía una hoz dulce como sirena.
  • Estas muriendo, entiendes ahora cómo cualquier sentimiento tuyo de amor, esos sentimientos que le decías profesar a quien embelesara tus sentidos, fueron una trampa de tus instintos, debes supongo creer antes en la necesidad que en el amor.
  • Terminé creyendo en nada-  le respondí mientras suspiraba.
  • Claro que no crees en nada, las escasas personas que dijeron amarte te abandonaron por no ser suficiente, fuiste un estorbo para tu familia que si supo conseguir dinero, sacrificar su vida al dinero. Tú nunca tuviste nada más que tu tristeza y tus versos para los demás.

La silueta femenina comenzó a reírse de mi de una forma demencial, sus risas no se detenían. Ni para morirme podía tener una despedida decorosa, hasta en mis delirios era perseguido por el desamor, por mi sufrimiento, por mi precariedad. Todo lo que sucedía en mi atormentada mente estaba en mi psicología profunda, las aguas profundas de mi mente eran obscuras, frías, tormentosas.

Desperté en una especie de campamento de guerra, supongo me recogió alguna de esas almas que se dedicaban aún a salvar personas.

Ellos eran los soldados de la compasión, no esperaban nada a cambio más que aliviar el inmenso sufrimiento de sus semejantes, en la mitología cristiana les dicen ángeles  porque cuando te estás muriendo y te salvan eso parecen. Estaba en el piso de un estadio antiguo, supongo me hidrataron  y me regresaron a este refugio.

Del lado Mexicano sólo teníamos a la gente de buen corazón, mi país en el nuevo milenio siempre había sido un Estado fallido, el gobierno parecía sólo estaba pero para estorbar y robar impuestos, no para asistir a nadie.

Tenía unos perros callejeros que eran mis únicos amigos y compañía, si conseguía un poco de agua podría ir a buscarles, necesitaba conseguir algún trabajo pequeño en cuanto recuperará mis fuerzas perdidas.


POB/JCSD