OPINIÓN: ¿Botones rojos para Internet?

Los mecanismos habilitados para tales fines, han llegado a propiciar abusos no intencionales, incluyendo la censura de contenidos legítimos.

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El ataque terrorista de Nueva Zelanda, aportó nuevos elementos para el debate en torno al uso de Internet. Uno de los argumentos más básicos es que, Internet, como cualquier otra tecnología, puede ser utilizada tanto para fines legítimos, como perversos; y con ese lente deben ser analizadas las repudiables acciones del atacante.

Sin embargo, cada acontecimiento con impactos negativos, da argumentos para que los actores que demandan más control sobre Internet, intenten fortalecer su postura. No todas las soluciones propuestas, tienen la intención directa de dañar a Internet o transformar sus cimientos, pero muchas de ellas pueden tener el potencial para hacerlo, a través de consecuencias inesperadas y no deseadas.

Entre las diversas opiniones, que he leído y escuchado en torno al ataque, llamó mi atención la idea de contar con un “botón rojo”, que permita reportar con acceso preferencial algunas acciones.

Me queda claro que la intención, detrás de la idea, es más que legítima y se origina en el sentido de urgencia que despiertan acciones tan lamentables, como la ocurrida recientemente.

Este tipo de sugerencias, son más que bienvenidas a las discusiones en torno al tema, porque ofrecen una perspectiva que alimenta generosamente el debate. Un botón rojo generaría la necesidad de construir un marco de actuación, que incluyera criterios específicos y procedimientos precisos, a fin de utilizarlo en condiciones críticas y evitar abusos.

Por experiencias similares en relación al retiro de contenidos en Internet –en casos relacionados a derechos de autor, por ejemplo– se ha podido observar la presencia de consecuencias inesperadas y no deseadas. Los mecanismos habilitados para tales fines, han llegado a propiciar abusos no intencionales, incluyendo la censura de contenidos legítimos.

No queda duda de la necesidad de avanzar en el debate, en torno a un tema tan importante como delicado. Las consecuencias para la libertad de expresión saltan a la vista, pero vale tener en cuenta que, tales soluciones también son contrarias a la arquitectura descentralizada de Internet. Un botón rojo –o un conjunto de ellos– se convertiría en un potencial punto central de control, y al mismo tiempo, en un punto de falla que limitaría la resiliencia de Internet.

Tampoco hay que perder de vista el rol de la comunidad ante este tipo de hechos. No tiene explicación la motivación de algunas personas para reproducir y compartir el video, ayudando a aumentar la notoriedad del atacante. Así como la Primera Ministra de Nueva Zelanda se rehusó a nombrar al atacante, tiene sentido reflexionar en torno a la visibilidad que tales acciones le dan a hechos tan lamentables. Mejor contemos historias como la de Abdul Aziz.

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Israel Rosas es analista de políticas de Internet que se desempeña en la intersección entre tecnología y comunicación, con experiencia en procesos regionales y globales. Es egresado de Ingeniería en Comunicaciones y Electrónica por el Instituto Politécnico Nacional.

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POB/JCSD