OPINIÓN: Creer en el anonimato

Si las denuncias se hacen bajo el cobijo del anonimato, puede ser por temor a represalias o por el hecho de que enfrentar un abuso o agresión es un tema sumamente difícil.

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Para muchas personas el –anonimato suele asociarse a la ejecución de conductas delictivas o dañinas. En Internet, por ejemplo, la imagen cliché de un cracker, es de una persona que utiliza una sudadera, con un gorro que le cubre el rostro, mientras se encuentra frente a una computadora.

“En Internet nadie sabe que eres un perro”.

Existe también una broma en la que puede verse a un perro utilizando una computadora, diciéndole a otro can: “En Internet nadie sabe que eres un perro”. El factor común en ambos casos es la ocultación de la identidad.

En días recientes hemos presenciado en Twitter, una oleada de denuncias de agresiones y abusos sexuales, bajo diferentes hashtags del movimiento #MeToo. Por diversas razones, una buena parte de las denuncias, se han hecho bajo el amparo del anonimato y esto ha desatado cierto grado de controversia.

Por un lado, algunas personas buscan desestimar las acusaciones, debido a su naturaleza anónima. Argumentan que, las personas que hacen las denuncias “deberían dar la cara” a fin de legitimar sus reclamos.

El argumento se hace desde la lejanía del privilegio de quien nunca ha tenido que enfrentar un abuso o agresión de esa naturaleza, al parecer.

En estos desarrollos es posible encontrar la misma tendencia que se ha visto en otras ocasiones, donde el anonimato se hace presente. Por ejemplo, no son pocas las protestas callejeras en las que, ha sido posible observar que algunos asistentes se cubran el rostro. Si bien es cierto que algunas personas lo hacen con el pretexto de vandalizar, muchas otras –la mayoría– lo hacen para protegerse de posibles represalias.

Esta misma tendencia, puede observarse en actividades que implican algún grado de riesgo para las personas que las llevan a cabo. Lo hemos visto en las labores de muchos periodistas que tienen acceso a información delicada, y también hemos presenciado que muchos de los oficiales de policía, involucrados en labores de alto riesgo, suelen cubrir sus rostros al momento de llevar a cabo su trabajo. Salta a la vista la “validez” del anonimato en ambos ejemplos.

De esta forma, es valioso tomar las lecciones que nos ha dejado el anonimato en otros sectores, para no revictimizar a las personas que hacen denuncias en el marco de MeToo.

Si las denuncias se hacen bajo el cobijo del anonimato, puede ser por temor a represalias o por el hecho de que enfrentar un abuso o agresión es un tema sumamente difícil.

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Israel Rosas es analista de políticas de Internet que se desempeña en la intersección entre tecnología y comunicación, con experiencia en procesos regionales y globales. Es egresado de Ingeniería en Comunicaciones y Electrónica por el Instituto Politécnico Nacional.

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POB/JCSD