OPINIÓN: Las fallas de los grandes y su significado para Internet

El 13 de marzo de 2019 será recordado por la falla masiva en la familia de aplicaciones de Facebook.

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El 13 de marzo de 2019 será recordado por la falla masiva en la familia de aplicaciones de Facebook. A lo largo del día, un número importante de personas reportó dificultades para acceder a Facebook, Instagram y WhatsApp a nivel global. El panorama mejoró lentamente con el transcurso de las horas, aunque llamó la atención el nivel de afectación en los servicios de un jugador del tamaño de Facebook.

Fechas como esta resultan relevantes para entender algunos de los fenómenos implícitos en el desarrollo y la evolución de Internet. En octubre de 2016, Dyn sufrió una serie de ataques de denegación de servicio (DDoS). En términos generales, este tipo de ataque consiste en dirigir tantas peticiones al servidor objetivo hasta lograr que este se bloquee al ver rebasada su capacidad de respuesta.

Al tratarse Dyn de un proveedor de servicios de DNS, la falla afectó a numerosos servicios basados en Internet. Desde Airbnb hasta medios como la BBC o el New York Times, más de 60 servicios sufrieron las consecuencias del ataque. En este caso, los usuarios de Internet resultaron afectados de manera indirecta, al no poder acceder a los servicios que dependían de Dyn.

En el caso de Facebook, hasta el miércoles por la noche la empresa no había ofrecido información pública en torno a las causas de la falla. Independientemente de esto, se asoma una reflexión importante con respecto al funcionamiento de Internet y el rol de algunos actores cuya influencia ha crecido significativamente en años recientes.

Una de las principales características de Internet es su modelo de gestión descentralizada. Numerosas redes a nivel mundial se conectan entre sí a fin de intercambiar datos con base en protocolos establecidos, pero no cuentan con un punto central de control. Esto, al mismo tiempo, produce que no haya un punto único vulnerable a tal grado que de él dependa el funcionamiento entero de la red. Esto ha permitido que Internet sea resiliente; es decir, que se adapte con facilidad a los cambios y a las fallas.

No se trata de una elección arbitraria. Internet fue definida así desde sus primeros desarrollos; esto ha facilitado la expansión de aplicaciones y servicios. En pocas palabras, Internet es como la conocemos en buena parte gracias a su arquitectura descentralizada. Esa es la forma de operar de Internet.

Sin embargo, los desarrollos tecnológicos de los últimos años han dado pie al surgimiento de actores cuya influencia y alcance son cada vez más grandes. Vale la pena tomarse unos minutos para reflexionar en torno al impacto que tienen estos actores en el desarrollo de Internet. En un primer momento, parece que los desarrollos de este estilo tienen como consecuencia el surgimiento de puntos de control.

Si bien tales puntos de control no ejercen control sobre toda Internet, sí lo hacen sobre un número importante de aplicaciones que ofrecen servicios a un gran número de personas. Episodios como el de este miércoles nos recuerdan las consecuencias de esta configuración.

Vale la pena reflexionar en torno a ello, porque todo parece indicar que dichos modelos no son compatibles con el paradigma descentralizado de Internet.

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Israel Rosas es analista de políticas de Internet que se desempeña en la intersección entre tecnología y comunicación, con experiencia en procesos regionales y globales. Es egresado de Ingeniería en Comunicaciones y Electrónica por el Instituto Politécnico Nacional.


POB/LFJ