CUENTO: Capítulo VII de La noche de los tiempos

El ser humano cuando pierde el sentido de la vida, pierde el corazón de sus neuronas. Es decir, camina muerto en vida, sin ningún otro plan más que su propia supervivencia.

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VII

El ser humano, cuando pierde el sentido de la vida, pierde el corazón de sus neuronas. Es decir, camina muerto en vida, sin ningún otro plan más que su propia supervivencia. En mi caso yo tenía a mis perros vagabundos y a nadie más. Mi familia había muerto hace pocos años, mi mujer me abandonó por precario, nunca volví a saber de ella desde el día que dejó la casa más sola que un manicomio sin locos.

En mi país los viejos tenían prohibido desear por la repulsión que causaban, en particular los desposeídos. Inclusive el arte le resultaba indiferente a la gente, las voces de todos los siglos les daban igual, sólo esperaba dejar de desear a las mujeres, ya no necesitar mirarlas, hablarles, reír a su lado, ya no quería desear tocarlas aunque sean el ser más hermoso del planeta, lo que sucedió fue que la sociedad donde vivía se pudrió de tal forma, que lo que se tuvo que hacer fue demostrarle a los varones que su lascivia era animal, vergonzosa, un varón que entendía lo que pasaba, tenía que abandonar sus intenciones seductoras, ir por la vida sin mirar, sin incomodar.

Y es que cuando digo que mi sociedad se estaba pudriendo, es que era un verdadero asco, un mal lugar muy cerca de Satanás. Hasta los ateos creían en la maldad en este país, hubo desde que inició el nuevo milenio una epidemia de violencia contra las mujeres. Los individuos escondidos detrás del poder de un arma hacían las atrocidades más bajas que uno pudiera imaginar.

El deseo nos convertía en culpables dignos de ser linchados, nadie podía hacer gran cosa por evitar lo que sucedía, lo mejor era procurar no desear más. Sobre todo en el caso de que nadie se te acerque durante años, el deseo siempre era el problema ¿Cómo si el deseo se pudiera evitar? Esos que ahora veneran a la ciencia antes querían curar homosexuales. Artaud tenía razón y lo olvidaron.

La palabra abulia viene del griego ἀβουλία (abulia), compuesto con el prefijo α- (a = sin), βουλή (boilé = voluntad) y el sufijo -ια ( -ia = cualidad). Se refiere a un estado emocional, donde la persona afectada no tiene ganas de empezar ninguna activad. Entonces, los antiguos ya tenían la noción de voluntad, más importante aún , desde hace siglos se sabe de los abismos en el alma, los antiguos griegos fueron los maestros en enseñar sobre héroes y tragedias, sorprendente que conocieran e inventarán la palabra abulia, ellos que inventaron el pensamiento occidental.

La sociedad se hizo: indiferente, indolente, violenta. La violencia no tenía una sola causa, los vicios cada vez eran más frecuentes, la soledad también. Resultaba tan doloroso envejecer y morir en medio de esto.

Con las esperanzas rotas, con la economía en quiebra, sin un beso aunque sea rutinario que llevarse a la boca, rodeado de miles de negocios que se intentan pero que no funcionan, si, la existencia solo se resumía en trabajar por casi nada para sobrevivir, era el principal problema. Mis placeres cada día eran más escasos, mi soledad más inmensa, apenas podía caminar después de días, un mar de gente inundaba Tijuana, a lo lejos se escuchaban algunos disparos. La gente al sur del muro seguía sin entender porque soportaba esto.

Morir acribillado, morir de insolación, morir en este desierto. Su sistema económico era tan bueno según los que vivían cómodamente, sin darse cuenta que en lugar de una guerra entre dos ejércitos, lo que había ocasionado era una oleada de sujetos sin armas esperando ser arrestados, enjaulados, a veces balaceados, deportados de la peor forma.

Todo “funcionaba” bien menos el tercer mundo, la bolsa de valores, la educación, la producción, las oficinas de alto lujo. Todo funcionaba bien menos las calles de nadie, los barrios muros altos eran bonitos, los demás barrios estaban llenos de tierra y cables, eran baldíos, la gente con dinero era hermosa, la gente sin dinero estorbaba o apestaba, las soluciones siempre existían para que alguien llenará sus bolsillos de dinero. Las soluciones que se proponían era que murieran los migrantes, o se convirtieran en esclavos al mero estilo siglo XIX.

Cada día que abría los ojos mi primer pregunta era: ¿A esto llaman vida, a esto llaman felicidad? No había más felicidad que sus billetes y su confort, el día que la gente perdía lo anterior se deprimía y moría como yo, terminaba como la gente del inmenso tercer mundo. Ese mundo que es culpable por ser pobre y feo.

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POB/JCSD