El mundo necesita grandes genios y gente que rompa el paradigma, pero también necesita gente que, con una pausa, genere grandes actuaciones semejantes a la discreción con las que son ejercidas.

Melissa Espina es una futbolista, histórica ex seleccionada nacional de Chile, que actualmente juega para las Aztecas de la UDLAP.

Fuera del metal de los trofeos y la tinta en los registros, a ella le basta con un solo elemento:

Yo vivo el fut como una forma de expresarme, le da sentido a mi vida, puede sonar muy cursi o muy exagerado, pero la verdad es que, gracias al fútbol, he vivido muchas experiencias que jamás pensé que iba a vivir. El hecho de salir de Chile, haber participado en selección, conocer otras culturas, personas; estar en diferentes ambientes, encontrarte sola, etc. Si tú me dices, que harías si no juegas fut, te diría «no sé», es como mi guía, creo que es lo que ha influido en mi forma de ser, en mi crecimiento, entonces lo es todo”. 
Foto: Juan Carlos Sánchez Díaz

Partiendo de este punto la entrevista como el futbol es sencillo, pero como dicen, es todo un arte jugarlo y para Melissa entrar a jugar significó un reto:

Me costó. Porque a mi mamá no le gustaba que yo jugara fut, y me metió a un buen de deportes, pero en la escuela yo siempre jugaba, y a escondidas, pero ya a los trece, mi mamá se rindió, y dijo: –No pues la neta le gusta un chingo el fut–, y me llevó a una escuela de fútbol femenino. Yo siempre había jugado con niños, nunca había con niñas, recuerdo que llegamos y las chavas eran de diez y seis años, las vi y le dije a mi mamá: «nop, yo ya me quiero ir». Y me dice: «no, te quedas y vas a jugar». Ya fui a la prueba y quedé.”

El balón rodó en Santiago, Chile en el club “Red Futbol”, lo que inició como hobby, cambió a un ejercicio que abrió las puertas a niveles de los que poco se hablaba en el 2007, cuando solo existían ligas femeniles consolidadas en E.U y Alemania.

El coach Mauricio Solis nos hizo hacer una actividad que teníamos que escribir en un papel nuestro sueño, yo le escribí jugar profesionalmente en Europa. Fue muy chistoso porque después de haber hecho eso, el profe me dice:
Oye Meli, me interesa lo que escribiste ¿A ti te gustaría entrenar a parte, o sea, estar entrenando con el equipo, pero te gustaría hacer algo más serio?

La respuesta sería “sí” y un año después de entrenamiento personal en un parque, con ejercicios físicos y de nutrición específicos, vendría el gran reto, el ingreso a la selección Chilena.

El desafío para la mediocampista inició con un torneo de fut 7, que convocó escuadras femeniles de nivel clubes y amateur sub 14 a nivel nacional. Su equipo ganó el título y durante el torneo, hubo visores de la selección chilena que estuvieron al pendiente para seleccionar a las jugadoras de cara a un torneo en Zurich, Suiza.

Para sorpresa de la historia y la épica, Melissa no fue seleccionada, pero la sorpresa fue mayor cuando se reencontró en el proceso de sub 15 con el coach que hizo la selección; en búsqueda de una respuesta del porqué no ser convocada para Zurich, recibió un:

“¡Ay! tú eres la niña que nos equivocamos y llevamos a otra.”

Foto: Juan Carlos Sánchez Díaz

Dicha historia se coronó con risas al momento de contarla y una risa nerviosa en el 2008 que, ante un error humano haría generar la paciencia en el carácter; misma que se necesitaría para el siguiente gran compromiso que esperaría a Melissa en el Mundial sub 17 de Trinidad y Tobago en 2010.

“Fue emocionante, jugamos el partido inaugural contra el local, entonces el estadio estaba lleno, para mí era la primera vez que veía un estadio así y me di cuenta que entre compañeras no se podían escuchar. El ambiente estuvo súper padre y para mí, fue súper emocionante, porque antes del mundial yo estuve en el proceso para jugar el clasificatorio Sudamericano y resulta que el torneo era en febrero y yo en diciembre tuve un accidente en bicicleta que me chocaron, se me astillaron dos vértebras lumbares, me dijeron que tenía que estar acostada dos meses y me perdí el torneo.
O sea, me preparé casi 2 años para que me dijeran `no vas porque tienes que estar acostada recuperándote´. Eso para mí fue un golpe súper fuerte porque yo sentía que sí iba a estar convocada, pero me freno el accidente; y ya cuando fueron mis compañeras y clasificaron al mundial lo primero que pensé fue me tengo que recuperar.”

El himno sonó y la jugadora fue parte del primer equipo chileno en jugar un mundial femenil, el paso siguiente para cumplir lo dicho en el “papelito” fueron los clubes.

Foto: Juan Carlos Sánchez Díaz

Inició en su país en “Colo-Colo” y después en el máximo rival: la Universidad de Chile, el por qué del cambio de instituciones con la rivalidad clásica e histórica se define así:

 

“Pues no se combina tanto en la cancha, porque uno es hincha del equipo masculino, creo que la mayoría de los Colocolinos no son fanáticos del Colo-Colo S. A. D.C.V, o sea, no es hincha de la institución es de la historia de Colo-Colo, entonces siento que en el equipo femenino si llevamos los colores, pero era un tema muy aparte, entonces no se combinaba.”

La jugadora finalmente emigro en 2014 a la UDLAP mediante la promotora “CMAS Athletes” con planes de que solo fuera un escalón antes de llegar E.U. pero al final el futbol mexicano la convenció.

Llegando acá no me costó adaptarme, tanto futbolísticamente como culturalmente, creo que Chile y México tienen bastantes similitudes. Sí es un poco diferente en cuanto al fútbol, pero si lo comparamos con el gringo que me comentan que es netamente físico y le dan mucha importancia a ese tema; aquí se desarrolla más la parte táctica y técnica es más latino, es más bonito.

 

 

 


POB/JMVA/JCSD