Para Juan Rulfo, nacido en Jalisco el 16 de mayo de 1917 y de quien este 2019 se celebran 102 años de natalicio; la música y la literatura se complementaban.

«Oigo cuatro o cinco horas diarias de música y al mismo tiempo leo sentado en un sillón. Cuando era joven leía dos novelas diarias, ahora sólo leo una novela o una crónica. Asocio la lectura a la música.»

El autor mexicano era uno «extremadamente exigente con su obra. Reescribía, cortaba, rehacía», de acuerdo con Ramón Reverté, director editorial de RM.

Tan exigente, que únicamente le valieron tres obras: Pedro Páramo, El llano en llamas y El gallo de oro, para ganarse un lugar entre los grandes de las letras mexicanas e internacionales. Sus obra han sido traducidas, de acuerdo con el periodistas Martín Caparrós a una «infinidad de lenguas: es inquietante la infinidad de lenguas.»

A pesar de dedicarse a las letras, Rulfo aproximaba tener una biblioteca de cerca de dos mil obras, pues: «libro que no me gusta o no pienso releer, lo regalo».

Y llegó a comentar: «Casi tengo tantos discos y casetes como libros», dentro de los gustos musicales que el autor llegó a destacar se encontraban: la música de la Edad Media, del Renacimiento y del Barroco.

Ahora, una faceta que no todos conocían y que le editorial RM ayudó a difundir, fue la de fotógrafo.

Para 2017, año del centenario de Rulfo, salió el libro » El fotógrafo Juan Rulfo», una amplia recopilación del grueso de su fotografía realizada entre la década de los 30 y la de los 50, segmentada en etapas muy diferenciadas y analizada en profundidad a través de textos de varios especialistas en su obra.

En una entrevista con José Emilio Pacheco comentó: «Las letras son un pasatiempo que comparto con mi otra gran afición: la fotografía. A veces siento ganas de salir al campo con mi cámara; otras, de quedarme en casa, leyendo; algunas, muy pocas, me encierro a escribir, de noche y a mano».

En las pocas exposiciones que ofreció, se esmeró en desligar su trabajo como fotógrafo de su trabajo como escritor.

«Para escribir tengo que imaginar. La realidad no me dice nada literariamente, aunque pueda decírmelo fotográficamente. Admiro mucho a quienes pueden escribir acerca de lo que oyen y ven inmediatamente. Yo no puedo penetrar la realidad: es misteriosa».

Con sus obras e imaginación ayudó a consolidar en las cabezas de la gente ese México hirviente «como las brasas del infierno».

POB/JMVA