OPINIÓN: ¿Así se siente la esperanza en Puebla?

Aplaudo que ahora se estén tocando este tipo temas; aplaudo que se vayan aceptando los problemas para solucionarlos y no ocultarlos.

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En días pasados, un colega catedrático, escribía en Twitter, un resumen de todo lo que ha estado pasando en Puebla, en términos legales. Sobre la reforma contra el uso de popotes y bolsas de plástico; el reconocimiento al día municipal contra la homo/les/bi/transfobia; la prohibición de la publicidad sexista y el suspenso que teníamos –o tenemos– sobre la despenalización del aborto.

«¿Así se siente la esperanza, acaso?» preguntaba. Pareciera que sí, pero hay quienes se quieren encargar de «no».

Para quienes no es esperanza, es porque tienen una de dos cosas: nunca les ha sucedido nada malo, entiéndase, viven en una burbuja o, y esta es la peor, nunca se han sentido libres y quieren que el resto sea igual. Me explico…

Comentaba desde hace unos días, con mi compañera de vida, Lizeth, sobre lo afortunados que somos; de cómo podemos ser dueños de nuestras propias decisiones y cómo hemos tenido altas y bajas en las relaciones de amistad, gracias a la gente crítica y/o prejuiciosa. Es decir, somos una pareja que vive en unión libre desde hace siete años, decididos a no casarnos y no tener hijos.

Ni fomentamos no casarse, ni fomentamos no tener hijos. Sin embargo, gracias a eso, nos hemos dado cuenta de la infelicidad en la que viven otras personas. Desde la clásica pregunta (con alargamiento en la última sílaba, acompañada de una apertura de ojos): «¿y no van a tener hijoooooooos? ¿y por qué no se han casadoooooo?» y después una serie de gestos cuestionando nuestras decisiones.

¿Por qué voy a esto? Si queremos algo, lo buscamos, punto. No sucumbimos ante la presión familiar, social o de «amistad» de cómo deberíamos vivir nuestra vida… ¿y qué creen? somos felices.

Qué pena por la gente que no lo es. Qué pena por la gente a quien obligaron a casarse, a tener al hijo/a, a tener determinada sexualidad; a quienes obligaron a ser diestros, naciendo zurdos; los obligados a estudiar una licenciatura en lugar de la que querían; quienes trabajan en donde no querían, con tal de «conservar la plaza»; quienes no pueden adorar a otro dios o simplemente no adorar a ninguno… en fin; quienes tienen que cumplir con la voluntad de sus padres o familiares que, con un golpe en la mesa, les ordenan qué hacer y estos cumplen.

El miedo y esa construcción del «statu quo» que tanto defienden, los dominan.

Y ese no es el único problema, también el hecho de querer que los demás vivamos igual. Lizeth y yo, hemos sido apartados o separados de «círculos sociales» por no cumplir sus mismos requisitos y peor… si tantito hacemos una observación o crítica, o tan solo nos defendemos, arde Troya.

Ahora, después de este soliloquio, imagine que no estamos en familia, sino en el pleno legislativo. Y entonces, ahora imagine que, en lugar de los primos, tíos, hermanos, etc; ahora son los diputados quienes deciden si puedo hacer o no algo con mi cuerpo, mi pensamiento, mi actuar y mi forma de ser libre… ¡pos no!

Aplaudo que ahora se estén tocando este tipo temas; aplaudo que se vayan aceptando los problemas para solucionarlos y no ocultarlos; aplaudo pues, que se esté abriendo el debate y desapruebo, completamente, las actitudes de diputados como Héctor Alonso y José Juan Espinosa; no deberían estar ahí, y tampoco lo merecen esos candidatos a quienes se les preguntó por el aborto y se hicieron como Donald, para no perder votos.

Pueden contactarme en: [email protected] y en Twitter, a través de:

Juan Carlos Sánchez Díaz es un periodista multimedia, director de Poblanerías.com y docente universitario. Ha colaborado en diversos medios y agencias de noticias nacionales e internacionales, así como en conferencias. Es Diplomado en Periodismo de Investigación por el CIDE; Master en Periodismo y Comunicación Digital por la UAB y Maestro en Comunicación y Medios Digitales por la UDLAP.


POB/JMVA