Puebla: a 20 años del terremoto de 1999

-¡Nadie puede entrar al Edificio Carolino! Solo Luis Enrique y su equipo de trabajo de Radio BUAP-, dijo Enrique Doger después de valorar el reporte de los daños.

-¡Nadie puede entrar al Edificio Carolino! Solo Luis Enrique y su equipo de trabajo de Radio BUAP-, dijo Enrique Doger Guerrero después de recibir y valorar el reporte y recuento de los daños sufridos como consecuencia del sismo que una hora antes había azotado a Puebla y los poblanos.

La Plaza de la Democracia llena de paseantes, turistas y, sobre todo, trabajadores administrativos de la BUAP, que esperaban instrucciones para retirarse o continuar trabajando. Unos con desconcierto, muchos con llanto, algunos con preocupación y miedo.

Eran las 3:42 de la tarde de ese martes 15 de junio de 1999 cuando la ciudad de Puebla se sintió sacudida por un sismo de 7.1 en la escala de Richter y cuyo mayor efecto se sintió en el Altiplano del Valle de Puebla-Tlaxcala con un efecto no registrado antes, llamado de “licuación”. 

Foto: Cortesía BUAP

Después de las dos emisiones de la revista Punto de Vista, la de las 6:30 de la mañana y la de las 13 horas de ese 15 de junio, el equipo de Radio BUAP estaba concentrado en preparar material para los programas del día siguiente. Reporteros, Producción, Edición, equipo administrativo, intentaban cerrar su turno y preparaban material para quienes entraban a las 16 horas.

A las 15:42, vía telefónica, quien esto escribe daba las últimas instrucciones a Laura Arellano, cuando, imagine alterada por la carga de trabajo empezó a gritar ininteligiblemente. Pedí calma, insistí ante su descontrol y alcancé a entender por fin: “¡Está temblando!”. Aventó el auricular o se cortó la comunicación.

Foto: Cortesía BUAP

A mi alrededor se movieron ventanas, puertas, la estructura de ladrillo y cemento empezó atronar, estufa y refrigerador de casa se salieron de su lugar, imaginé que pretendían salvarse de un posible derrumbe y mi cabeza empezó a perder sentido de ubicación y realidad durante 45 segundos.

45 segundos que en una experiencia de sismo transcurren, parecería, en 45 minutos y obligan a la sensación de que nunca va a terminar.

Recorrí la distancia en auto entre casa y el Edificio Carolino en 30 minutos: una eternidad. Calles inundadas de personas; semáforos descompuestos, llantos, desesperación; congestionamiento vehicular. Largas filas en las cabinas telefónicas, pocas funcionaban.

Casas y bardas derrumbadas, postes de energía eléctrica atravesados en las calles, vehículos aplastados por entes que no resistieron la fragilidad de las construcciones y la ira de la naturaleza. Rudeza innecesaria; castigo sin culpas.

Caos y dolor. 

Llanto y desesperación.

Desconcierto.

“El Edificio Carolino esta dañado, el Tercer Patio está a punto del derrumbe”, informaban los especialistas al rector Doger Guerrero. Imposible continuar laborando.

Radio BUAP, a un costado del Salón Barroco, es el inicio del Tercer Patio por la parte alta, el segundo nivel.

“-Solo entra el equipo de Radio BUAP”- insistió el Rector. 

La instrucción fue rápida y tajante para mí: “–Para mantener informada a la sociedad de lo que ocurre y de las reservas que deben guardar-; -con cuidado, no te arriesgues, protege al equipo”–, me dijo.

Todos, sin respingo, todos, alrededor de 20 periodistas (reporteros, redacción, editores, operadores, técnicos), integrantes del equipo, pero sobre todo universitarios, con dos micrófonos, 5 celulares, transmitimos, recibimos llamadas, enviamos mensajes, dimos respuestas, entrevistamos a funcionarios, proporcionamos información de familiares, durante 10 horas continuas.

El vuelo bajo de dos o tres helicópteros que hacían rondines en el cielo poblano para recuento de los daños y ayuda expedita a la población, hacían temblar las paredes del estudio y la cabina de transmisión. 

Nadie se arredró. 

Toda una experiencia.

 

 


POB/LFJ