OPINIÓN: Conózcanse, platiquen

Algunas personas señalan la existencia de algo que podría describirse como una adicción por estas plataformas.

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“Conózcanse, platiquen”. Recuerdo bien que esa es la frase que suele emplear un colega y amigo cuando presenta a dos personas a través de redes sociales. Es su forma de hacer notar que la interacción entre dichas personas puede resultar fructífera para ambas. Y vale notar que la frase podría ser utilizada fuera de Internet con la misma facilidad.

Viene a cuento esta mini anécdota, porque esta frase pudo ser empleada por las personas durante las intermitencias en el servicio de la familia de aplicaciones de Facebook. Este miércoles, WhatsApp, Facebook e Instagram presentaron dificultades en la carga de contenido multimedia. Como ya es costumbre, las reacciones en forma de meme no se hicieron esperar.

“Madre e hija se reencuentran en casa luego de levantar la vista del teléfono”. “Ahora, las personas tendrán que comunicarse por teléfono o cara a cara”. En general, muchas de las bromas apuntaban hacia un fenómeno acerca del cual vale la pena reflexionar: Algunas personas señalan la existencia de algo que podría describirse como una adicción por estas plataformas. No son pocos los casos que podemos recordar de grupos de personas que se encuentran reunidas físicamente, pero prestando absoluta atención a sus dispositivos móviles.

Lo que ocurre con las plataformas de comunicación y redes sociales por Internet es una buena muestra de lo que sucede con otras aplicaciones y servicios basados en la misma tecnología. Ya sea por broma o por popularidad, algunos de los efectos nocivos del uso de aplicaciones basadas en Internet resaltan más que los beneficios. Esto es algo que debemos cambiar.

Cuando Internet empezó a expandir su alcance, los beneficios de conectarse eran notorios, mientras que los efectos nocivos eran pocos o su trascendencia no era alta. Con los años, fue cada vez más notorio que Internet también podía usarse con fines negativos, como ocurre con cualquier otra tecnología. Cuando tengo oportunidad de conversar con otras personas acerca de esto, suelo recurrir al ejemplo de un cuchillo: podemos usarlo para preparar unos buenos tacos o para intentar herir a alguien.

En materia de Internet, una de las respuestas a las conductas nocivas suele ser la regulación, algo que no siempre es el mejor camino. No se trata de evadir a toda costa las leyes y los reglamentos; Internet tiene reglas, no es una selva salvaje. El tema central es que algunas de las respuestas regulatorias no toman en cuenta completamente los principios de arquitectura y funcionamiento de Internet. Por ello, algunas de estas regulaciones llegan a producir efectos no deseados para Internet.

En el caso de las plataformas de comunicación y redes sociales, vale la pena tener en cuenta los efectos positivos. Personas y comunidades enteras pueden comunicarse a pesar de la distancia gracias a estos servicios. No obstante, fallas como las de este miércoles son un buen recordatorio de que las aplicaciones y servicios basados en Internet son un buen complemento para nuestras actividades cotidianas, pero no las únicas alternativas.

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Israel Rosas es analista de políticas de Internet que se desempeña en la intersección entre tecnología y comunicación, con experiencia en procesos regionales y globales. Es egresado de Ingeniería en Comunicaciones y Electrónica por el Instituto Politécnico Nacional.


POB/JMVA