Fotografías: Juan Carlos Sánchez Díaz
Juan Manuel Vargas Alvarez

Uno de traje negro, otro de tonos de beige. Por izquierda con pasado futbolístico; por derecha con trayectoria en banquillos. Y, aunque con diferencias de manejo en las plantillas, ambos técnicos en el césped del Estadio Cuauhtémoc antes de que inicie el juego, saben que tienen que dar el golpe del timón “ya” o el barco se les va a hundir.

Cual velas negras en altamar, la cosa no pintó bien desde el inicio para el José Luis Sánchez Solá “Chelís”; un gol del Pocho Guzmán para el Pachuca al minuto siete dificultó la travesía.

Minutos después, el técnico se topó con un trébol para cambiar su suerte al minuto 10 a través de un penal, pero el amuleto resultó insuficiente ya que Daniel Arreola no concretó la pena máxima.

Y a Palermo ¿cómo le fue en todos estos minutos trepidantes?

Sereno. Ni en el gol se inmuto, solo habló con su asistente y, en el penal, a penas hizo una mueca. Curioso esto último ya que se agregó a la lista de similitudes con el Chelís, aunque para el local fue una “mueca nerviosa” –rosando con una sonrisa forzada– para mantener la confianza en los jugadores.


De ahí, el partido del primer tiempo se rompió en manotazos al aire por ambos bandos hasta que, las manos de Palermo, celebraron el segundo gol por vía de Jorge Hernández.

El segundo tiempo, aunque parecía que Chelís “iba por todas las de ganar”, a los pocos minutos ya era resignación total. Con la cabeza abajo y sin respuesta al despliegue de Palermo, cayó el tercer gol.

En la angustia y el desmorone de su equipo, el director local levantó el dedo índice para pedir el cambio que metiera a su equipo en el encuentro, pero en la cancha “ni ganas ni sentimiento” ya por jugar con la bocha. No tardó en caer el cuarto gol.


Solá se llevó las manos a la cara y Palermo, quizás ya por respeto, o por mera solidaridad de compartir una situación parecida antes del inicio del juego, solo lo festejó de manera discreta.

Llegó el minuto 80 y la banca del Pachuca se encontraba del otro lado. Aplausos y reconocimiento a sus jugadores, se pidió calma no por evitar un quinto, que ganas y oportunidades no le hicieron falta al Pachuca.

En el área del Puebla manos a la cintura, ya ni una orden, solo mera observación al cronómetro. El pensamiento de que esto se acabara antes de que se agravara aún más, el desastre del barco parece vivir sus últimos momentos bajo esta dirección.

“Entramos con la confianza de un excelentísimo entrenamiento y ve lo que pasó”, dice Chelís al ser cuestionado por el juego de su equipo.

La confianza es el principal daño a restaurar, reconoce ante los medios de comunicación, mientras se nota acorralado y desesperado por solucionar la situación. “El Puebla tiene que sumar en el juego contra Cruz Azul”, finaliza.

 

 

 


POB/LFJ