La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad autoinmune del sistema nervioso central, considerada la primera causa de discapacidad neurológica no traumática en los adultos jóvenes, que afecta a 2.5 millones de personas en el mundo.

La enfermedad se desarrolla cuando un transtorno del sistema inmunológico provoca que las defensas del cuerpo ataquen la mielina que recubre las neuronas, provocando daños en el cerebro y la médula espinal.

Alrededor de la esclerosis múltiple, existe la creencia que no hay tratamientos efectivos y que se trata de una enfermedad terminal, algo que no es cierto, comenta el Dr. Carlos Pla, neurólogo especializado en enfermedades desmielinizantes, quien aclara los cinco mitos más comunes sobre este padecimiento.

Es una enfermedad terminal

La esclerosis múltiple es una enfermedad que no tiene cura; sin embargo, los avances científicos e investigaciones médicas han logrado desarrollar tratamientos innovadores con un alto nivel de efectividad y seguridad que contribuyen a frenar la progresión del padecimiento y, con ello, controlar en gran medida los síntomas, con lo cual los pacientes logran tener una mejor expectativa de vida.

No hay tratamientos efectivos

Actualmente, los pacientes con esclerosis múltiple tienen la posibilidad de iniciar un tratamiento modificador de la enfermedad, el cual sirve para prevenir o reducir el número de brotes, así como la acumulación de la discapacidad al tratar de evitar que el sistema inmunológico ataque a la mielina. Existen diferentes opciones de tratamientos farmacológicos con perfiles y formas de administración distintos.

Es hereditaria

La esclerosis múltiple no es hereditaria, pero, si una persona padece la enfermedad, sus familiares directos (descendencia) tendrán una discreta mayor probabilidad de padecerla, aunque el riesgo es bajo y no implica que la condición se transmitirá por vía genética.

El paciente termina en silla de ruedas

Se estima que alrededor del 70% de los pacientes con esclerosis múltiple tienen una discapacidad leve o moderada, y sí podrían llegar a requerir el uso de una silla de ruedas si no son diagnosticados y tratados con una terapia eficaz. Por ello, una detección oportuna que derive en un tratamiento de alta efectividad será esencial para mejorar la calidad de vida.

Limita la vida del paciente

El paciente afrontará con mayor eficacia la enfermedad si mantiene un tratamiento integral que incluya un componente farmacológico, terapias de rehabilitación y hábitos de vida saludables, tales como: practica de ejercicio regular, una dieta balanceada con alto contenido de vitamina D y antioxidantes, no abusar del alcohol, no fumar y tener buenos hábitos de sueño.

 

 


POB/LFJ