OPINIÓN: En la web –casi– nada es privado

Existen muchas herramientas tecnológicas que pueden ayudar a mantener seguras nuestras comunicaciones y nuestros hábitos de uso de Internet.

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Uno de los temas que ha llamado la atención de la comunidad de Internet en años recientes es el uso de datos personales por parte de servicios y aplicaciones. Cada vez, he escuchado con mayor frecuencia que personas cercanas se quejan de publicidad inquietantemente personalizada, relacionada con búsquedas en Internet o incluso con conversaciones con otras personas.

La misma inquietud se ha manifestado con respecto al aprovechamiento de este tipo de datos en el terreno electoral, particularmente a raíz del potencial involucramiento de Cambridge Analytica en el proceso que eligió a Donald Trump como presidente de Estados Unidos. En este sentido, Netflix produjo el documental “The Great Hack”, cuyo título en español es “Nada es Privado”.

En caso de que no haya visto el documental, no se preocupe, porque no pienso arruinar la trama. Lo que quiero señalar es la reacción de personas cercanas que se encuentran involucradas en el estudio y desarrollo de estos temas, quienes ya vieron el documental. En términos generales, percibo un sentimiento de decepción y pesadumbre en relación a lo que se percibe como un margen de maniobra muy limitado para los usuarios de estos servicios.

Una tendencia que he percibido desde hace varios años se refiere a compartir cada vez menos información con aplicaciones y servicios basados en Internet. Muchas personas han optado por cerrar sus cuentas en redes sociales, usarlas menos o evitar compartir información que consideran privada. Las opciones son muchas y respetables. También existen las personas que no toman en cuenta ninguna de estas recomendaciones y literalmente viven de compartir su vida en Internet.

Sin embargo, me parece necesario insistir en que, si bien los algoritmos desarrollados para explotar algunas vulnerabilidades de diseño son poderosos, estos no son infalibles. Las personas que hacemos uso de Internet no estamos condenadas irremediablemente a la voluntad de quienes desarrollan este tipo de algoritmos, ya que existen muchas herramientas tecnológicas que pueden ayudar a mantener seguras nuestras comunicaciones y nuestros hábitos de uso de Internet. El cifrado es una de ellas.

Además, vale la pena tener en cuenta que si estos algoritmos tienen éxito al intentar modificar o reforzar alguna línea de pensamiento, esto está estrechamente relacionado con un hecho sin relación con la arquitectura de Internet. Desafortunadamente, muchas personas evitan verificar la veracidad de la información a la que acceden y comparten a través de Internet. La frase “lo vi en Internet” se ha convertido en un sustituto de “lo dijeron en la tele” y, al mismo tiempo, parece proveer de validez a los contenidos que se comparten. Es necesario revertir esta tendencia.

Gracias a su diseño, Internet es una red sin puntos centrales de control. Esto, en vez de ser un defecto, se trata de una virtud. Esta característica, en conjunto con otras que también se desprenden de su arquitectura, ha permitido que Internet sea una de las tecnologías de mayor expansión en los últimos años, la cual ha aportado beneficios a las personas y a las comunidades. Es cierto que existen diversos problemas que necesitan atención, pero la solución no se encuentra en dejar de usar los servicios basados en Internet.

Tampoco pensemos que nos encontramos a merced de los algoritmos, ya que, aunque la ruta es larga, no es imposible de cubrir. Hay que tener en cuenta que debemos fomentar un uso precavido, pero sin miedo.

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Israel Rosas es analista de políticas de Internet que se desempeña en la intersección entre tecnología y comunicación, con experiencia en procesos regionales y globales. Es egresado de Ingeniería en Comunicaciones y Electrónica por el Instituto Politécnico Nacional.


POB/LFJ