OPINIÓN: La 4ta transformación sin procuración de justicia en Puebla

Cómo esperar que bajen los índices de corrupción y violencia si, en el discurso del gobernador, nunca ha mencionado la procuración de justicia. Es solo la demagogia.

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Una mañana de agosto de 2011, un policía ministerial me encañonó y me golpeó. Levanté la denuncia y todo quedó impune. Si el gobierno actual, de Miguel Barbosa, quiere que la 4ta transformación tenga éxito, deberá poner atención a los delitos no resueltos, de manera integral con el famoso «menos violencia» o «más seguridad».

Esa mañana de hace ocho años, escuchaba la radio para enterarme de las noticias. Avisaron sobre una persecución a unos ladrones de autos que inició en San Francisco Totimehuacán y terminó en el Bulevar Las Torres, casi llegando a La Margarita.

Me tocaba «la guardia» y salí a buscar el operativo. Al llegar al punto, vi la movilización, dejé el auto en la acera de enfrente, aunque la zona no estaba acordonada y desde ahí aguardé. De pronto escuché los gritos de un policía ministerial que corría hacía mi: «Retírate cabrón, sí, retírate»; mientras sacaba su arma y me apuntaba.

Yo solo le dije: «tranquilo, soy reportero y solo veo», mientras le mostraba mi gafete. Se enojó más y me dijo: «a mi nadie me dice tranquilo pendejo» y me soltó un puñetazo que me tiró los lentes y causó una esguince de segundo grado en el cuello. Regresó por donde vino y sí, lo digo así, lo hizo cobardemente.

El ataque lo vieron otros dos patrulleros uniformados de la policía auxiliar, que se quedaron pasmados. Teniendo casi seis dioptrías de graduación y habiendo matorrales, busqué mis lentes y me fui. No me ayudaron «los azules».

Ese mismo día, pasé más de seis horas en la delegación de la entonces Procuraduría General de la República (PGR) en la Fiscalía Especializada para la Atención de los Delitos Cometidos contra la Libertad de Expresión, Periodistas y Personas Defensoras de los Derechos Humanos.

Seis horas en las que «el fiscal» estuvo encorbado, frente a su escritorio, con la mano izquierda en el mentón, y la derecha en el teclado; extendiendo solo el dedo índice, tecleando lentamente las flechas para buscar el archivo que contenía «el machote» de la denuncia; con cara pasiva y con una mirada como si la vida no pasara.

Al mismo tiempo, me preguntaba si sí iba a continuar con la denuncia o iba a declinar después. Todo para hacerme desistir. Ponía de pretexto que era fin de mes y tenían todo hecho un caos, que debía comprender. Seis horas para buscar el archivo que, al final en 20 segundos, encontró su asistente.

Ese mismo día, por la noche, la PGJ hizo su rueda de prensa para presumir que agarraron a unos ladrones de autos. Les encaramos por mi ataque y el procurador dijo «ah no, de eso no me enteré, y se fue».

De ahí, nada fue sencillo. Llamadas para hacerme examen con el médico legista (que por cierto un toque con las yemas de los dedos, desestimó las radiografías que llevaba, argumentando que no tenía nada); examen psicológico para ver si no escuchaba voces; ir al lugar de lo ocurrido (3 meses después de los hechos); hacer retrato hablado (6 meses); revisar 5 carpetas con todas las fotos de todos los agentes ministeriales; volver a identificar las fotos, etc.

De hecho, en una de las ocasiones, la agente que me estaba atendiendo, Nancy, quiso que firmara una hoja, como tipo acta del día; que decía que yo aceptaba no haberme presentado…

«¿Cómo le voy a firmar que no vine, si no vine? además, aquí estoy», le dije. Se confundió igual que usted, querido lector. Y volvió a imprimir la hoja.

Después dejó de llamarme y ya pasaron ocho años.

En otra ocasión, en un tema aparte, pero del mismo rubro, fui víctima del robo de todo mi equipo de fotografía dentro del Estadio Cuauhtémoc, mientras se desarrollaba el pre Mundial Sub 20, de futbol soccer.

Recuerdo haberme encontrado a Justino Compean y le dije lo sucedido y respondió «¿Y a mi qué?» y al otro día, mandaron un boletín donde afirmaban que el estadio era el más seguro de todo México. Ningún agente se puso en contacto conmigo.

Años más tarde, levanté otra denuncia por el robo de los espejos de mi carro. A la semana, un agente ministerial me llamó y me dijo que se encargaría de la investigación… eso fue hace dos años, no sé si seguir esperando.

Hace un par de semanas, otro agente «de estos», me mandó un oficio impreso, a la oficina de Poblanerías, pésimamente redactado. Como celebrando su falta de educación. No había una idea clara de qué quería. Tenía que ver con cifras de portal, con proporcionarle la liga de una liga que él mismo estaba mandando, en fin, terrible.

Esas son solo algunas anécdotas de una persona que ha atravesado por situaciones de violencia, robo y pésimo procesos administrativos en la supuesta procuración de justicia.

Si bien el primer caso que mencioné, dada la fiscalía, era del orden federal y no estatal, quien me agredió sí era estatal.

Por eso, sí el nuevo señor Gobernador del Estado de Puebla quiere entrarle a la 4ta transformación y reducir la corrupción y mejorar la seguridad, que deje de jugar y que integre la frase «mejora de procuración de justicia» en su discurso y pues… que se mejore.

Porque estamos en uno de los estados con más violencia, más asesinatos, más feminicidios y más de todo, sin pretender procurar justicia. Ahí es donde se ve cuando las ideas y proyectos, están basados en la demagogia.

Ahí tiene ciudadano Luis Miguel Barbosa: procuración de justicia.

Por leer hasta aquí, gracias querido lector.

Pueden contactarme en: [email protected] y en Twitter, a través de:

Juan Carlos Sánchez Díaz es un periodista multimedia, director de Poblanerías.com y docente universitario. Ha colaborado en diversos medios y agencias de noticias nacionales e internacionales, así como en conferencias. Es Diplomado en Periodismo de Investigación por el CIDE; Master en Periodismo y Comunicación Digital por la UAB y Maestro en Comunicación y Medios Digitales por la UDLAP.


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