OPINIÓN: Todo por un casco

Acabó la historia entre Antonio Brown y su deseo de seguir jugando con un casco inseguro y con más de diez años de antigüedad.

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En 2018, la NFL prohibió el uso de diez variedades de cascos por ser peligrosos para los jugadores.

Antes de esta norma, los jugadores tenían la libertad de elegir el casco que mejor les adaptara, por aquello del diseño, la visibilidad, confort, etcétera; siempre y cuando aprobaran las pruebas de seguridad.

Sin embargo, el tema de las conmociones cerebrales, causadas por los golpes durísimos a la cabeza, comenzó a prender (nuevamente) las alarmas.

Así, la liga comenzó a examinar y a realizar pruebas en varios modelos de cascos para ver si cumplían con los estándares de certificación. El resultado fue que, algunos modelos de las populares marcas Rawling, SG Varsity, Schutt, Riddell, no pasaron las pruebas. Se estima que más de 200 jugadores usaron alguno de esos casos durante la temporada 2017.

Al marco del anuncio, Jeff Miller, vicepresidente senior de la división de políticas de salud y seguridad de la NFL, declaró en una entrevista, que en los últimos años se han visto algunos “cambios dinámicos” en la industria del casco, pues son fabricados con la tecnología capaz de aumentar el rendimiento del jugador.

No obstante, IQVIA, empresa que colabora con la NFL en el análisis del impacto en la salud, señala que en las últimas dos temporadas, las conmociones cerebrales crecieron 13.5%.

El futbol americano sobresale por la agresividad con la que se juega. Pero hace apenas tres años, la NFL aceptó ante el Comité de Energía y Comercio de la Cámara de Representantes de Estados Unidos que existe un vínculo entre las conmociones cerebrales y la encefalopatía traumática, una enfermedad cerebral degenerativa inducida por los repetidos golpes en la cabeza.

La Clínica Mayo señala que la encefalopatía traumática crónica es un “diagnóstico que se puede determinar únicamente en la autopsia examinando las secciones del cerebro”.

El riesgo de esta enfermedad es que puede llevar a pensamientos suicidas, a tener cambios de humor o en la personalidad, pasando por la depresión, ansiedad, agresividad o impulsividad; y a problemas de memoria.

Hasta ahora, no existe una cura para esta enfermedad y algunos síntomas comprenden dificultades para pensar (cognición), problemas físicos, emociones y otras conductas.

Bajo este contexto, esta semana supimos en qué acabó la historia entre Antonio Brown y su deseo de seguir jugando con un casco inseguro y con más de diez años de antigüedad.

Con los nuevos lineamientos, el casco de Brown no es aceptado dentro de los estándares de calidad y la liga le ha prohibido –definitivamente– usarlo en la temporada, ahora que ya es parte de los Raiders Oakland.

Antes del fallo final, Brown había amenazado con su retiro si la NFL no le permitía jugar con su viejo casco, pues alega que los nuevos no le dan suficiente visibilidad para hacer las recepciones.

Ahora que sabe la decisión, el jugador buscó con sus seguidores, a través de redes sociales, un modelo similar al que ha usado pero que no pase de los diez años y a cambio, entregará un casco autografiado.

P.D.

Para conocer más del tema, le recomiendo ver la película Concussion o en español La verdad oculta, protagonizada por Will Smith, en la que se relata cómo el Dr. Bennet Omalu, un patólogo forense nigeriano luchó contra los esfuerzos de la NFL para suprimir su investigación sobre la encefalopatía traumática crónica que sufren los jugadores de fútbol profesionales.

Bennet Omalu descubrió la enfermedad, tras realizar la autopsia al legendario jugador de los Steelers, Mike Webster.

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Lizeth Flores Jácome es periodista, jefa de edición de Poblanerías. Tiene una amplia experiencia en la cobertura de eventos nacionales e internacionales. Desde foros, procesos electorales, ferias y justas deportivas.


POB/LFJ