Patricia Meneses: «Nadie te impone ser actor y menos de teatro»

Patricia Meneses es la primera actriz poblana y mexicana en ser galardonada en Australia, además de haber recorrido varios países llevando el cortometraje Las Desaparecidas, que ha dejado en silencio a los espectadores.

El nombre de Patricia Meneses, originaria de Atlixco, Puebla, empezó a sonar en los medios poblanos a inicios de julio del presente año, después de darse a conocer que recibió el premio como mejor actriz en el St Kilda Film Fest de Australia, por su participación en el cortometraje, Las Desaparecidas, dirigido por Astrid Domínguez.

Ella es una mujer alegre y dispuesta, no tiene trabas para dar entrevistas y recibir a los medios, aunque estos la busquen poco. Cuando el gobernador interino del estado, le pidió grabar un video para referirse al premio y lo publicó en su cuenta de Twitter, todos comenzaron a escribir sobre ella, pero pocos hablaron personalmente.

Poblanerías en línea decidió entrevistarla porque se ha convertido en una figura, ha representado a su país y su estado haciendo lo que más le gusta, actuar. Además, ha sido reconocida varias veces por su desempeño.

Patricia, tiene un objetivo claro: mover fibras, criticar a la sociedad y demostrarle qué hace bien o mal. Sabe que hay gente que se enoja con algunos de sus personajes, pero eso no la desanima, porque algo se mueve dentro de ellos con el potencial para reflexionar.

Eres morena y no te podemos dar el protagónico

En México existe una sociedad polarizada y dividida, que ataca lo que no conoce o no comprende. Tiende a montar clichés, tabúes, encasillar y hasta denostar algo que no le parece y sale del «statu quo» que prefiere mantener. Los actores y actrices no son la excepción.

Por su tono de piel y estatura le han asignado personajes como trabajadora doméstica, enfermera o secretaria, pero eso no le molesta; acepta y sabe que todas las personas siempre tienen algo que contar, igual de importante. Sin embargo, son pocos quienes se dedican a esta profesión que, están dispuestos a salir de su zona de comfort y saber proyectar lo importante que el personaje está necesitando contar. Ella no está peleada con eso.

Entre risas, comenta como ha ido a otros países a presentar Las Desaparecidas, por ejemplo, fue a universidades en Washington D.C. y Maryland, y le cuestionaron por qué las personas que salen en la televisión o cine, no se parecen a lo que han encontrado en México, caminando en la calle.

«La mayoría somos morenos», comenta. En algún momento, ha acudido a castings donde le niegan el papel por no ser del perfil que la empresa requiere, refiriéndose a Televisa y añade que esto, a pesar de reconocer el talento que ha proyectado.

Foto: Juan Carlos Sánchez Díaz/AEM

De hecho, lo analiza de una manera muy crítica al mencionar que, ha visto cómo tiene compañeras que viven día a día, ser violentadas porque alguien les sugiere o demanda que deben realizarse cirugías estéticas y llevar dietas y ejercicios muy rigurosos, porque si no, no obtienen papeles que, al final de cuentas, no reflejan una sociedad como realmente es; y lo peor, que constantemente viven infelices, con altos niveles de estrés, porque están pagando un precio muy elevado para obtener fama.

Morir de hambre vs. Saber escuchar

Paty decidió ser actriz desde los 12 años, cuando estudió en un taller impartido por Héctor Azar en Atlixco, Puebla. Al inicio parecía un pasatiempo, algún juego, pero en cuanto pisó el escenario, le encantó y no lo dejó.

Sus padres fueron los primeros en analizar la situación y no necesariamente de una manera positiva. Su papá le preguntó a Héctor: «¿qué consejo le daría mi hija que quiere ser actriz? –que de la media vuelta y huya» contestó.

Ella lo recuerda como algo chistoso. Regresando a la apariencia, su madre no sabía si tendría éxito. Recuerda cómo la preocupación por su estatura, color de piel y cómo veía a quienes salían en la pantalla, era algo constante.

Parafraseando, dice que nadie estudia actuación porque le obliguen, sino porque quiere. Nunca ha visto a padres haciendo fila con sus hijos en el Centro Nacional de Artes, donde ella estudió, e insistiéndoles que saquen una ficha para poder iniciar el proceso de admisión. Al contrario, cuenta historias de compañeros que llegaron ahí ocultándoselo a sus papás.

En ese sentido, es una carrera de perseverancia, de paciencia y de fijar objetivos claros. Si la fama o el dinero son los primeros, el fracaso puede estar más cerca de lo que aparenta.


«Si no estamos seguros de quiénes somos, cómo vamos a abrir la puerta a las inseguridades de otros».


Por eso el actor o la actriz, debe ser su propia empresa y su principal representante. Lo primero que deben hacer es aprender a escuchar. Quien no lo sabe hacer, incluso fuera de la actuación, no tendrá éxito.

Se debe estar abierto a un abanico de posibilidades, independientemente de la plataforma; es decir, si es teatro, cine, televisión o incluso streaming.

Al director, compañeros y la gente, se les debe poner atención y no imponer.  Incluso lo compara con la política, «existirían menos conflictos y guerras si aprendiéramos a escuchar.


El teatro ya es difícil y tú lo quieres gratis

La entrevista con Poblanerías no es solo para reconocer a una actriz de origen poblano que ha sabido llevar su carrera de manera adecuada y obtener reconocimiento. También es una crítica al estado actual en que se vive en un país con poco apoyo a los artistas.

Y no es que se busque «la beca» o recibir dinero sin tener una producción de calidad en marcha. Se trata de todos los roles de profesiones involucrados para una puesta en escena y que muchas veces no pueden o quieren ser pagados.

Todas las personas que de diferentes maneras colaboran para realizar una producción, en cualquiera de las plataformas que se vaya a exhibir, precisan un pago, tan solo por ofrecer un servicio.

Patricia refiere cómo le han llamado de algún municipio del estado de Puebla, que prefirió no revelar y le han pedido que se presente con toda una producción sin nada a cambio, bajo el pretexto de no tener presupuesto ni para los viáticos. Sin embargo, advierte que para actrices más comerciales, sí se está dispuesto a pagar sumas altas por su imagen.

La crítica o reflexión, no es solo para quienes «ponen en lugar». Los espectadores llenan auditorios con precios altos, con producciones extranjeras y las locales, mantienen el mínimo de audiencia, con precios más accesibles.

Foto: Juan Carlos Sánchez Díaz/AEM

En otras profesiones sí se pagan los honorarios sin problemas, médicos o abogados y contadores. Pareciera que al no haber un escritorio, la actuación no es un trabajo. «¿Las artes y cultura no sirven? cuando estas son las que le dan identidad al estado y son la que prevalecen (…) hacen que nos veamos como sociedad y nos critiquemos», afirma la actriz.

Y Las Desaparecidas

Es un cortometraje hecho con el corazón, dice Paty. Es una ficción a partir de la realidad que se vive en el país. Enfrenta temas violentos, de justicia, feminicidios y desapariciones.

Sin hacer spoilers, ella habla de la reacción de la gente en México y en el extranjero al ver el cortometraje. «Hay silencio» refiere. Porque el tema tratado es algo serio.

En México y en Puebla se vive en un contexto clasista y sobre todo machista, donde la vulnerabilidad de las personas es más condenada que protegida. En el caso de las violaciones a mujeres y feminicidios refiere a las expresiones: «era coqueta, llevaba minifalda», que son las más recurrentes de las personas para juzgar estos hechos, ahora «la precaución nos está coartando la libertad».

El 6 de agosto a las 18 horas, Las Desaparecidas se exhibirá en El Teatro de la Ciudad en Puebla capital. Y el 7 de agosto a las 19 horas, se mostrará en Cinemagic en Atlixco. En ambos casos, con presencia de Patricia Meneses, actriz protagónica y Astrid Domínguez, directora del cortometraje.


POB/JCSD