OPINIÓN: Hay que regresar a las aulas

Parece ser que la inmensa mayoría de las universidades también tiene docentes con graves deficiencias profesionales.

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Apenas la semana anterior comentaba sobre este viaje casi relámpago que hice a Xalapa, Veracruz, para dar una clase de periodismo durante tres días a estudiantes de cine.

Este fin de semana “patrio” el viaje fue mucho más expedito y fue sólo para dar una clase –una master class, dijeran– a estudiantes de la Universidad de las Américas de Puebla (UDLAP).

No iba a la UDLAP desde que di clases en el Diplomado de Periodismo Especializado hace unos años.

Fue una charla con estudiantes de periodismo, para su clase de géneros periodísticos, a invitación de mi muy querido colega y amigo Juan Carlos Sánchez Díaz, director de Poblanerías, y el chiste era platicarles un poco sobre metodología para reportear.

Una buena charla, que formó parte de un experimento de Juan Carlos. Otro experimento en el que me meto.

La idea de mi querido colega fue invertir el orden académico de los géneros periodísticos y en vez de iniciar con la nota informativa, quiso comenzar el semestre con el reportaje, con la idea de que al terminar el ciclo, sus estudiantes tuviesen más tiempo para poder hacer un buen intento de reportaje como producto final.

Fue interesante ver que este grupo de estudiantes tienen conceptos poco claros sobre lo que es el reportaje y por momentos creían en dos mitos: 1. que el reportaje se mide por su extensión y 2. que mientras más fuentes de información y entrevistas tenga, es mejor el reportaje.

Hace varios años que algunos colegas hemos comentado en charlas de café (y vino) y en conferencias, cursos y talleres, sobre la urgencia de que las universidades hagan una revisión a profundidad de sus planes y programas de estudio, porque cada día están más lejos de la realidad del ejercicio profesional del periodismo.

En el caso extremo habrá algunas escuelas con docentes que creen que es más importante enseñar a tuitear con videos y streaming y toda la cosa, en lugar de enseñar los mínimos del periodismo, que son los métodos, técnicas y herramientas para buscar, recopilar, almacenar, jerarquizar, curar, verificar, procesar y presentar información de manera clara.

Conozco excelente colegas que combinan muy bien su vida profesional y la académica y me consta que tratan de acercar a sus estudiantes al mundo laboral y profesional.

Sin embargo, parece ser que la inmensa mayoría de las universidades –unas 250 escuelas de periodismo y comunicación en todo el país– no sólo tiene malos programas académicos, también tiene docentes con graves deficiencias profesionales, pues además de que no ejercen o dejaron de ejercer el periodismo hace años, enseñan con métodos viejos y con más horas de aula que de calle.

Yo como siempre agradezco que me inviten a dar estas charlas, porque me dan mucho aprendizaje sobre lo que las nuevas generaciones de periodistas tienen en la cabeza, cómo piensan, qué les interesa, y así poder aportarles algo que de verdad sea útil para su futuro.

Quién quita y algún día les tenga que ir a pedir chamba.

Pueden contactarme en Twitter, a través de:

Andrés Solís A. es periodista, autor del “Manual de Autoprotección para Periodistas” y de la “Guía de Buenas Prácticas para la Cobertura Informativa sobre Violencia”.


POB/LFJ