ANÁLISIS: Breve historia de la marihuana en México

De los primeros registros que se tienen de la mariguana en México, se remonta a 1532, cuando el Rey Carlos V dio la autorización para que se enseñara a los indígenas a hilar y tejer el cáñamo.

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La ya popular foto de Olga Sánchez Cordero, secretaria de Gobernación, recibiendo un porro por parte de Lucia Riojas, diputada independiente, nos recuerda que ya estamos a dos semanas de que, derivado de una jurisprudencia emitida por la Suprema Corte de Justicia, salgan las regulaciones para la legalización del cannabis en el país.

Por ello es importante hacer un recuento histórico del paso de esta planta por el país.

Dicese, comentase, suponese, que fue Hernán Cortés quien, en un intento de levantar la economía de la Nueva España, entre otras plantas, importó la cannabis sativa e indica a América.

De los primeros registros que se tienen de la mariguana en México, se remonta a 1532, cuando el Rey Carlos V dio la autorización para que se enseñara a los indígenas a hilar y tejer el cáñamo. De acuerdo con el libro “La disipada historia de la marihuana en México”, de Juan Pablo García-Vallejo, los sacerdotes jesuitas fueron los primeros en difundir el uso medicinal de la planta en el noreste del país.

Para 1550, el virrey Luis de Velasco y Ruiz de Alarcón limito su consumo, pues “los indígenas empezaron a emplearla para algo más que para la creación de cuerdas.” Podemos inferir que en este punto se comenzó a fumar la planta, pues de por si la población indígena del país ya tenía una tradición de uso ritual y medicinal de flora como los hongos, el peyote, entre otras.

Siglos más tarde, en 1712, Juan Esteyneffer afirmaría en su tratado Florilegio medicinal de todas las enfermedades de 1712 que las semillas del cannabis se usaban contra la gonorrea, que los baños servían para regularizar el ciclo menstrual o para reducir la abundancia de leche después del parto. Sesenta años después en Memoria sobre el uso que hacen los indios de los pipiltzintzintlis, José Antonio Alzate describía el efecto del cannabis como uno tranquilizador y que podía utilizarse para el dolor muscular y de muelas.

Ya para 1860, en la prensa de la Ciudad de México se publicitaban “cigarros indios de cannabis indica”, comercializados por la farmacéutica francesa Grimault y Compañía.

Aviso publicado en el diario «La Nación» en 1871

Para el siglo XX y con el final de la Revolución Mexicana, para 1920 se prohíbe la producción, comercialización y uso de la planta con la publicación de las “disposiciones sobre el comercio y cultivo de productos que degeneran la raza”.

En 1937, de acuerdo con Luis Astorga en su libro Drogas sin fronteras, con la presión de la Ley del Impuesto sobre la Marihuana aprobada en Estados Unidos se prohibió la marihuana en el país, a pesar de que, de acuerdo con Astorga, el entonces presidente Antonio López de Santa Ana se opusiera rotundamente.

Para 1938, el doctor Leopoldo Salazar Viniegra publicara El mito de la marihuana, en el que afirmaba que el consumo de la planta no generaba inconsciencia o impulsos criminales y consideraba de excesivas e injustificadas las penas por delitos contra la salud que, ya en ese entonces, dictaban las leyes. Gracias a este texto, durante un breve periodo de tiempo (5 meses) del sexenio de Lázaro Cárdenas, se legalizó el uso de la planta en México.

Pero al Estados Unidos no estar conforme con la decisión, fue erradicada.

Ya cerca de mediados de siglo, en 1947, el control de la substancia fue cedido a la extinta Procuraduría General de la República (PGR), se elevaron las penas por delitos contra la salud; y así se comenzó a formar el enfoque que hasta hoy se ha mantenido frente a la planta.

A pesar de que a partir de la década de los 40s tanto en México como en EE. UU. comenzó el “combate” a la mariguana, a lo largo de las siguientes décadas el consumo, la siembra y la comercialización de la planta incrementaron.

Para 1984, en el artículo 235 de la Ley General de Salud se prohibiría:

«la siembra, cultivo, cosecha, elaboración, preparación, acondicionamiento, adquisición, posesión, comercio, transporte en cualquier forma, prescripción médica, suministro, empleo, uso, consumo y en general, todo acto relacionado con estupefacientes o con cualquier producto que los contenga».

Finalmente, uno de los últimos pasos que se dio antes de la guerra contra el narcotráfico de 2006, fue la modificación de años a las penas de comercio y transporte (fueron aumentadas), y a las de siembra, cultivo y cosecha (fueron disminuidas).

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Juan Manuel Vargas Alvarez es un periodista en proceso de formación. Estudia la licenciatura en comunicación y ha cubierto elecciones en los tres niveles, justas deportivas, tomas de posesión, manifestaciones, desalojos y varios eventos de manera multimedia.


POB/AAG