OPINIÓN: La desinformación no se combate en Internet

Lo que ocurre en redes sociales es un reflejo de lo acontecido en la sociedad, independientemente de su nivel de conectividad.

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La semana pasada, llamó mi atención la columna de Juan Carlos Sánchez, publicada en Poblanerías. En ella, comparte su experiencia como profesor universitario, particularmente al pedir a sus alumnos que lean noticias locales, a pesar de cursar carreras diferentes a periodismo o comunicación. La premisa de Carlos es sencilla: quien no lee noticias, se arriesga a contribuir con la desinformación.

Probablemente no sobra decir que estoy de acuerdo en la necesidad de estar al tanto de las noticias a distintos niveles, conforme al ritmo y los medios preferidos por cada persona. Algunas personas prefieren escuchar la radio, otras ver televisión y otras más, consultar medios escritos. Habrá quienes combinan medios y tendencias políticas. Lo importante es formarse una opinión informada y, de paso, reconocer quiénes la informan.

Llevar a cabo lo anterior facilita que las personas puedan participar en debates y discusiones de diversa índole. Formarse una opinión no debería estar pensado únicamente para líderes de opinión. Hace falta dejar atrás esa frase popular que sugiere que “de política, moda y religión no se habla”; al contrario. Necesitamos adaptarnos a conversar de temas complejos y polémicos sin pelearnos con nuestros interlocutores ni recurrir al uso de falacias de argumentación.

A propósito de este tema, en meses recientes hemos visto que las redes sociales se han inundado de conversaciones y tendencias con un fuerte contenido político. Las discusiones se ven contaminadas por noticias inexactas –e incluso, francamente falsas–, acusaciones personales y, en suma, un conjunto de elementos que muestran la necesidad de fortalecer el debate público.

En este contexto, no han sido pocas las voces que han pedido la adopción de medidas que “regulen” el contenido que fluye por las redes. El argumento coincide con algunas de las ideas acerca de tener un “botón rojo” para Internet, mismas que cobraron popularidad luego del lamentable ataque perpetrado en Nueva Zelanda en marzo de este año. El factor común es la necesidad de tener un mecanismo de control que elimine el contenido “no deseado”.

Algunos argumentos son útiles para mostrar lo problemáticas que pueden resultar tales propuestas. Por un lado, está el problema de la definición del tipo de contenidos sujetos a eliminación, así como la elección de un mecanismo para llevar a cabo tal eliminación sin recurrir a la censura. Suponiendo que encontráramos respuestas a tales problemas, nos encontraríamos con la dificultad técnica de implementar tales filtros con eficacia. Prácticamente imposible.

Independientemente de la imposibilidad de una implementación real de tales soluciones, existe un argumento más poderoso: la solución no debería buscarse en esa capa. Lo que ocurre en redes sociales es un reflejo de lo acontecido en la sociedad, independientemente de su nivel de conectividad. Y eso no se resuelve teniendo en la mira a las redes sociales. En ese contexto, leer noticias y discutirlas con otras personas puede ser un buen inicio. No está de más intentarlo.

Pueden contactarme en: [email protected] y en Twitter, a través de:

Israel Rosas es analista de políticas de Internet que se desempeña en la intersección entre tecnología y comunicación, con experiencia en procesos regionales y globales. Es egresado de Ingeniería en Comunicaciones y Electrónica por el Instituto Politécnico Nacional.


POB/LFJ