ANÁLISIS: Olimpia y su otra historia

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La valentía de la poblana Olimpia Coral Melo es ya un referente internacional para que en otros países se legisle y se apliquen penas severas a delitos contra la violación a la intimidad sexual al grabar, filmar o manipular imágenes, videos y audios sin el consentimiento de una persona.

El Caso de Olimpia se ha viralizado para exponer la dura realidad que experimentó cuando a sus 18 años, en su natal Huauchinango, su pareja decidió subir a páginas de internet un video intimo que la expuso como una víctima de la violencia sexual.

En esos años, Coral una chica serrana preparatoriana era simpatizante del Partido Revolucionario Institucional.

En múltiples testimonios, Olimpia ha contado la dureza de enfrentar el acoso no sólo cibernético, sino la persecución de la moralina social que la expuso como la chica que permitió hacer un video y que ahora se quejaba sin mucho por justificar.

Olimpia inició una búsqueda de ayuda, de respaldo en momentos donde era satanizada socialmente.

Y buscó el apoyo de las mujeres del que veía como su partido: El PRI. Paradójicamente eran los tiempos donde una mujer presidía el tricolor en Puebla, con Ana Isabel Allende.

Olimpia llegó hasta las oficinas del PRI en Puebla para pedir ayuda, apoyo. La primera estampa con la que se encontró, fue la mirada lasciva del propio policía de las oficinas partidistas, quien en tono burlón le dijo: “Ya vi su video, Señorita”.

Olimpia encontró silencio, ignominia y la evasión de aquellas mujeres priístas que nunca se solidarizaron con ella.

Hace unas semanas, esta joven que hoy es un referente sobre lo que se puede lograr para exhibir esa violencia y acoso, se reunió con las mujeres del que alguna vez consideró su partido: El PRI

Ahí contó lo antes mencionado. El silencio inundó la sala, cuando Olimpia narró cómo esas mujeres la habían dejado sola en momentos donde la desesperación la hizo pensar en quitarse la vida.

Olimpia y las priistas ahí presentes hicieron una dura catarsis, donde terminaron ofreciéndole disculpas a esta joven mujer, que como muchas más, se enfrentan a la indolente reacción de la política, cuando se trata de actuar con una doble moral que deja en la indefensión a muchas de las mujeres que militan en diferentes partidos políticos.

Y como si no bastaran los actos que reflejan impunidad frente a la violencia política, física y verbal contra las mujeres, el partido Movimiento Ciudadano se quitó la careta y le dio cobijo al diputado Héctor Alonso Granados, protagonista de diferentes actos de agresión verbal contra sus compañeras diputadas.

Es lamentable que los partidos políticos y sus dirigentes no entiendan la magnitud de las agresiones hacia las mujeres que militan en sus filas.

Ahí está también el caso del regidor morenista Roberto Eli Esponda y el video de su agresión a una joven al grabarlo durante su desempeño en el pasado proceso electoral en Puebla.

La violencia política también debe exhibir esos casos donde los partidos se vuelven cómplices de violentadores que hacen mucho daño social por estar involucrados en actos de gobernanza.

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POB/RPC