Diciembre es un mes de emociones, de reencuentros consigo mismo, de reflexiones que llevan a un fluido de sentimientos positivos y negativos.

Desde el haber tenido algún tipo de pérdida, no solo la muerte, sino podría ser de un trabajo, problemas económicos o bien no haber realizado sus objetivos en el año, que ocasionan sentimientos de tristeza.

Si a todo ello se le añaden las características de personalidad de los individuos, se puede determinar que hay personas más sensibles que otras, es decir, con una mayor inestabilidad emocional, incluso con cuadros depresivos o que ya tienen la denominada “depresión estacional”.

Para Katia Rodríguez González, especialista en psicología del Centro Interdisciplinario de Ciencias de la Salud (CICS) Unidad Santo Tomás, es importante separar estos términos del de depresión.

La especialista considera que la melancolía o nostalgia en época decembrina puede derivar del balance que generalmente se realiza a fin de año sobre las metas alcanzadas, los objetivos inacabados, las pérdidas y los éxitos.

Sin embargo, la depresión es multifactorial y puede deberse a factores genéticos, sociales, culturales y personales.

Lo que se podría considerar “depresión de fin de año”, Rodríguez González lo define como Trastorno Afectivo Estacional o depresión invernal.

En este trastorno influyen factores como el tiempo de luz solar en el día, que afectan los ritmos circadianos (cambios físicos, mentales y conductuales que siguen un ciclo diario y responden principalmente a la alternancia de luz y oscuridad del día y la noche).

Las características de este trastorno afectivo estacional, afectan el estado de ánimo principalmente, a través de síntomas como: la irritabilidad, tristeza constante, así como fallas a nivel cognitivo, es decir, hay disminución en la memoria, disminución en la capacidad de concentración y atención, así como otros síntomas a nivel físico como son las alteraciones gastrointestinales, colitis, gastritis, en la ingestas de alimentos, comer mucho o poco.

El SAD se caracteriza por la modificación del apetito (aumento de peso), desesperanza, alteraciones en el sueño, tristeza e irritabilidad, pérdida de interés en las actividades cotidianas y menor energía.

Frente a este trastorno, la Secretaría de Salud da algunas recomendaciones:

  • Fomentar durante el año un estilo de vida sana y tener una ocupación, ya sea escuela o trabajo.
  • Mantener la convivencia familiar, evitar el aislamiento.
  • Realizar actividad física permanente y continua para mantener la salud emocional.
  • Manejar las fechas festivas como cualquier otra sin añadir un valor.
  • No esperar que durante diciembre se resuelva la vida, ni encontrar la armonía al 100%.
  • Trabajar una buena relación en el trabajo, pareja y con la familia.

 

 

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POB/JMVA