Este 12 de diciembre, se conmemora el 488 aniversario de la aparición de la Virgen María a Juan Diego Cuauhtlatoatzin.

Este suceso, según narra el códice “Nican Mopohua” (1649), ocurrió en 1531. El 9 de diciembre, la Virgen María en advocación de Virgen de Guadalupe –después de haberse presentado varias veces– le pidió a Juan Diego que fuera en busca del obispo y le dijera que solicitaba la construcción de un templo en el cerro del Tepeyac.

Así, Cuauhtlatoatzin se presentó con fray Juan De Zumárraga y le contó la solicitada de la virgen, pero el fraile, incrédulo, solicitó una prueba.

En respuesta, la virgen pidió a Juan Diego que de la cumbre del cerro, en el cual no crecía flor alguna, cortara algunas rosas de Castilla y se las llevara al obispo.

Juan Diego complació y al subir descubrió un matorral de rosas de colores que cortó y guardó.

A su encuentro con Zumárraga, abrió la tilma y al caer las flores se reveló la imagen de la Virgen de Guadalupe.

Simbologías en la imagen de la Virgen

La imagen de la Virgen impregnada en el ayate de Cuauhtlatoatzin, presenta símbolos que han sido estudiados a lo largo de los años.

  • Las manos, juntas en señal de recogimiento, presentan una característica, su mano izquierda es morena y llena, mientras que la derecha es más blanca y estilizada. Esto podría simbolizar la unión de dos razas distintas: la nativa americana y la europea.
  • El cabello suelto, simboliza un estado de glorificación entre los aztecas.
  • En el vientre lleva un hijo, esto se confirma por la forma aumentada del abdomen y por el cinto oscuro que lleva en manos.
  • El aura la reafirma como la madre de la luz, del sol, del niño sol; es decir del Dios grande y verdadero.

Las estrellas del manto corresponden a las constelaciones en el cielo del solsticio de invierno de 1531. Se afirma que son 46 estrellas.

Las constelaciones en el manto se encuentran “comprimidas”. Las del sur, se aprecian a la izquierda de la Virgen (derecha si se observa el ayate de frente).

  • Cuatro estrellas que forman parte de la constelación de Ofiuco. Abajo se observa Libra y a la derecha, la que parece una punta de flecha corresponde al inicio de Escorpión.
  • Intermedias, se pueden señalar dos: la constelación del Lobo y en el extremo la de Hidra.
  • Hacia abajo se evidencia la Cruz del Sur, y a su izquierda aparece el cuadrado ligeramente inclinado, de la constelación de Centauro.
  • En la parte inferior, solitaria, resplandece Sirio.

Al lado derecho de la Virgen, se muestran las constelaciones del norte:

  • En el hombro, un fragmento de las estrellas de la constelación de Boyero; hacia abajo a la izquierda, le sigue la constelación de la Osa Mayor en forma de una sartén.
  • La rodean a la derecha arriba, la cabellera de Berenice; a la derecha abajo, Lebreles; a la izquierda, la constelación de Dragón.
  • Por debajo de la constelación de la Osa Mayor, un par de estrellas de la constelación del Cochero y al oeste, hacia abajo, tres estrellas de Tauro.
  • La Luna: La Virgen se encuentra de pie en medio de una media luna. Las raíces de la palabra México viene del Náhuatl y significa ‘en el ombligo de la Luna’; por lo que la Virgen está en el centro, es decir, en México.
  • El Ángel: Un ángel se sitúa a los pies de la Virgen, con ademán de haber acabado de volar. Las alas son similares a las de un águila, asimétricas y muy coloridas, con los tonos muy parecidos a los del pájaro mexicano Tzinitzcan, que Juan Diego oyó cantar anunciándole la aparición de la Virgen de Guadalupe.

La distribución exacta de las constelaciones en el manto de la virgen parece no ser producto del azar, pues una serie de estudios iconográficos de los siglos XVII y XVIII en los que se analizaron 150 pinturas de la Virgen de Guadalupe, concluyeron que no hay copia en la cual se puedan apreciar las constelaciones presentes en la tilma de Juan Diego.

 

 

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POB/JMVA