Este 11 de diciembre, México y España lograron la inscripción de los “Procesos artesanales para la elaboración de Talavera de Puebla y Tlaxcala, México, y la cerámica de Talavera de la Reina y el Puente del Arzobispo, España”, en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

La distinción se otorga al considerar que se trata de conocimientos transmitidos de generación en generación, que han tenido constancia en una comunidad específica, que los identifica como parte de su patrimonio e identidad.

Los procesos artesanales para la elaboración de talavera constituyen una práctica cultural con la que se identifican dos comunidades en México: Puebla y Tlaxcala; y dos en España: Talavera de la Reina y El Puente del Arzobispo, en Castilla-La Mancha, resultado de un conocimiento que data del siglo XVI y se ha mantenido vigente hasta nuestros días.

A pesar de los años en el tiempo y el desarrollo diferenciado que la producción de esta cerámica ha tenido, en uno y otro país, incluso con el empleo actual de la electricidad en tornos, el proceso artesanal de producción, técnicas de elaboración, esmaltado y decorado, sigue siendo el mismo que en el siglo XVI.

Los “Procesos artesanales para la elaboración de Talavera de Puebla y Tlaxcala, México, y la cerámica de Talavera de la Reina y el Puente del Arzobispo, España” representa la primera inscripción de una técnica artesanal para México.

Desde 1997, la talavera cuenta con Denominación de Origen (DO), sin embargo, el acercamiento para la inscripción no se hizo a partir de la DO, sino desde una perspectiva incluyente de todas las comunidades portadoras, en la que la DO contribuya a garantizar que el proceso artesanal se preserve para las nuevas generaciones.

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La talavera es resultado de la convergencia de diversos saberes que están vivos, porque se han ido adaptando a las necesidades contemporáneas; ahí radica su importancia, en la manera cómo esos conocimientos encuentran nuevas maneras de utilización y adaptación a los nuevos tiempos.

El conocimiento y las habilidades relacionadas a la práctica cultural incluyen la preparación de la arcilla, la elaboración de la loza, la decoración, la preparación de pigmentos de manera natural y el manejo del horno, lo que requiere de una gran experiencia.

Las técnicas de extracción de materias primas, procesamiento de materiales, decoración y cocción están a cargo de artesanos y ceramistas de la región. Estos han desarrollado habilidades a lo largo del tiempo y las han transmitido de generación en generación a través de la tradición oral y de los talleres artesanales. Algunos artesanos llevan a cabo todo el proceso, mientras que otros se especializan en etapas específicas.

En México se vincula con los artesanos y talleres productores de talavera, cuya tradición cerámica data de la época prehispánica, cuando hubo un importante desarrollo previo de amplia variedad de técnicas para la producción, decorado y terminado, las cuales se complementaron a partir del siglo XVI con tecnologías y materiales que introdujeron los españoles; durante el virreinato se hacía la loza blanca, al estilo español, que hasta finales del siglo XIX adoptaría popularmente el nombre de “talavera”, por provenir de la población de Talavera de la Reina.

En España, las comunidades que la elaboran son Talavera de la Reina y El Puente del Arzobispo, localidades separadas por 34 kilómetros, donde la producción de cerámica evolucionó a la par, desde el siglo XVI, gracias a una constante vinculación de artesanos y talleres. La cerámica se elabora en talleres familiares, algunos con una tradición de varias generaciones.

 

 


POB/LFJ