La existencia de la Flor de Nochebuena se remonta a la época de los aztecas, estos la denominaban Cuetlaxochitl, conocida como la “flor de pétalos resistentes como el cuero”.

Esta planta representaba una “nueva vida” para aquellos guerreros que morían en batalla.

Conocida también como Flor de Pascua, Estrella de Navidad, Santa Catalina o Flor de Fuego, la “Flor de Nochebuena” tiene su origen en Centroamérica y México, principalmente en los estados de: Puebla, Guerrero, Oaxaca y Chiapas.

 

En Estados Unidos y Europa se le conoce como “Poinsettia”, pues en 1828, Joel R. Poinsett, embajador de Estados Unidos en México, conoció la planta y le gustó tanto que la envió a su país, y de ahí a diversas partes de Europa con el nombre correspondiente a su apellido.

Para los botánicos, la Flor de Nochebuena es conocida como Euphorbia Pulcherrima, que significa “la más bella”.

A pesar de que se le denomina flor, se trata de una planta cuyas hojas superiores –denominadas “brácteas”– son de color rojo, amarillo, naranja, rosa, jaspeado y blanco. Estas crecen alrededor de la verdadera flor que es una especie de corona con pequeñas “florecitas” amarillas.

Cuidados de la Nochebuena

La Cuetlaxochitl necesita que sus “brácteas” u hojas crezcan y se iluminen de color, para lo cual se requieren por lo menos 12 horas continuas de oscuridad. Esto sucede entre los meses de octubre a marzo, y por la misma razón la planta “florece” generalmente en diciembre, coincidiendo con la Navidad.

En la actualidad, la Nochebuena se utiliza para ornamento y es producida principalmente en invernaderos.

Entre los cuidados, la planta necesita un mínimo de 6 horas diarias de luz solar y no ser regada en exceso, ya que podría marchitarse.

Antiguamente, la flor era utilizada para teñir materiales como algodón y cuero.

 

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POB/JMVA